Sr. Director:
Porque fue precisamente en junio de 1674 cuando Nuestro Señor Jesucristo se apareció a Santa Margarita María Alacoque (+ 1690) mostrándole su Corazón y pidiendo que ese Corazón amantísimo fuera honrado, venerado, glorificado y se le ofreciera una digna reparación por los pecados cometidos contra Él. Para ello se instauraron las prácticas de los primeros viernes de mes, la recepción frecuente de la Sagrada Comunión y la observancia de la hora santa.
En 1675, durante la octava del Corpus Christi, nuevamente en el mes de junio, tuvo lugar la conocida como Gran Aparición, pues el mismo Jesucristo pidió a Sta. Margarita María que hiciera todo lo posible para que las autoridades eclesiásticas instituyeran la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús el viernes después de la octava del Corpus, ordenándole a la religiosa que comunicara todo lo que Jesús le había dicho a su director espiritual, el P. Claudio de la Colombière (+ 1682), que era por aquel entonces el Superior de la pequeña casa jesuita de Paray-le-Monial (Francia)
La primera vez que se celebró el mes del Sagrado Corazón de Jesús fue durante la época de la Revolución francesa. De hecho, el jesuita francés Alexandre Charles Marie Lanfant, que murió mártir en las masacres de septiembre de 1792, fomentó la distribución de un escrito en el que pedía 40 días de oración y penitencia y que finalizaba con una oración solemne de consagración al Sagrado Corazón de Jesús en junio de 1790.
Diversas órdenes religiosas y especialmente generaciones de jesuitas compusieron devocionales impresos con oraciones dirigidas al Corazón de Jesús, una para cada día del mes de junio.
A lo largo del siglo XIX, las devociones hacia el Sagrado Corazón fueron extendiéndose y culminaron en Francia cuando el 16 de junio de 1875 el arzobispo de París, cardenal Guibert, colocó la primera piedra de la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús en Montmartre, honrando después de 200 años la cuarta petición relatada por Sta. Margarita María a partir de junio de 1675.
El 10 de junio de 1898, la religiosa de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, María del Divino Corazón (+ 1899), escribió al Papa León XIII afirmando que había recibido un mensaje del mismo Jesucristo en el que pedía que el Santo Padre debía consagrar el mundo al Sagrado Corazón. María del Divino Corazón falleció el 8 de junio de 1899, y al día siguiente el Papa León XIII consagró el mundo entero al Sagrado Corazón, como se anunció en la carta encíclica Annum Sacrum (25 mayo 1899)
Esta encíclica del Papa animaba a los obispos a promover la devoción de los primeros viernes de mes y estableció junio como mes dedicado a honrar de forma especial al Sagrado Corazón de Jesucristo, incluyendo una oración de consagración al Corazón de Jesús.
Hay que decir que el Papa Clemente XIII había instituído la fiesta del Corazón de Jesús, para algunos lugares, el 6 de febrero de 1765, pero la fiesta fue extendida a toda la Iglesia Católica cuando Pío IX designó el viernes siguiente a la octava del Corpus como fiesta del Sagrado Corazón. Tras la celebración del Concilio Vaticano II, la celebración fue elevada al rango de solemnidad.
En junio de 1965, el Papa Pablo VI pidió a toda la Iglesia renovar y fortalecer la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Más adelante, en 1995, San Juan Pablo II reiteró la importancia de esta devoción e instituyó el viernes del Sagrado Corazón como jornada de oración por la santificación de los sacerdotes.
También hablaron de la importancia de la devoción al Corazón de Jesús los Papas Benedicto XVI y Francisco, quien el 24 de octubre de 2024 publicó la encíclica Dilexit Nos sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo: "El Corazón de Cristo, que simboliza su centro personal, desde donde brota su amor por nosotros, es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas" (D.N., 32)
Sí, Señor Jesucristo, tuyos somos y tuyos queremos ser, y para vivir cada vez más íntimamente contigo, cada uno de nosotros nos consagramos espontáneamente a tu Divino Corazón. Reina, Señor, en nuestras familias, parroquias, comunidades, grupos, asociaciones, pueblos y ciudades, en el mundo entero.
¡Bendito y alabado sea por siempre el Sagrado Corazón de Jesús!









