
La inminente visita a España de S.S. León XIV me ha hecho examinar algunas de las cuestiones protocolarias que se pueden dar en la misma. El protocolo es una parte importante dentro de las relaciones diplomáticas. Me temo que la indebida injerencia de las autoridades políticas en esta cuestión con el olvido de que no se trata de una visita de un Jefe De Estado. Al Papa los católicos nunca podemos considerarle como un Jefe de Estado sino como nuestro Pastor, nuestro guía. El Estado Vaticano es una creación para mí artificial. Es una ficción que en su día se adoptó para superar una problemática interna dentro del territorio italiano. El Vaticano carece de los elementos esenciales para ser considerado como un Estado, no tiene población, no tiene ejército, no tiene moneda, ni todos los otros elementos que hacen o configuran un Estado. Creo que esta cuestión la debemos de tener muy presente y que se olvide la condición cómo Jefe de tal Estado del Vaticano, considerando a Su Santidad como nuestro Pastor, como el sucesor del Apóstol Pedro, en la Iglesia creada por instrucción de Cristo (Vaticano II, DH 13).
En las visitas previas que han realizado algunas de las autoridades españolas a S.S., he observado como los protocolos han sido diferentes. Me estoy refiriendo fundamentalmente al saludo inicial. Cuando S.M. el Rey le visita, y le saludó, como buen conocedor del protocolo, besando el anillo papal. La presidenta de la Comunidad de Madrid también siguió este mismo un protocolo. Por su parte, el Presidente del Gobierno, improcedentemente, le saluda extendiendo la mano cómo sí estuviesen saludando a cualquier otro Jefe de Estado. Esta actitud revela su posición negativa en cuanto a la consideración del Papa cómo sucesor de San Pedro y líder espiritual de los católicos. Besar el anillo es un gesto de respeto hacia el Pontífice, hacia el Misterio que representa y la función eclesial que encarna.
Por esta razón, me temo que algunas de las autoridades españolas no van a seguir este camino. Si así lo hacen, yo les pediría que se abstuviesen de acudir a las ceremonias religiosas que se celebrarán puesto que no están dispuestos a reconocer al sucesor de San Pedro, al Pastor de todos los católicos. Asistir a una ceremonia religiosa en la que no se cree y de una Iglesia a la que ,en el mejor de los casos, se la ignora, lo considero como una de las mayores hipocresías.
La importancia del anillo Pontificio radica en una tradición que se remonta a los orígenes de la Iglesia Católica .No se trata de una joya con piedras preciosas sino que, más bien, es un simple anillo en el que suele constar la imagen de San Pedro y el nombre del pontífice. La Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis hace referencia que en la Consagración Papal, al nuevo Pontífice se le hará entrega de un anillo y se procederá a la destrucción del anillo del anterior Pontífice. Es un resumen que guarda la memoria del Apóstol, la continuidad del Papado y la solemnidad de un Misterio que no pertenece a un hombre en particular sino a una misión que la iglesia considera recibida de Cristo por medio de Pedro.
Termino pidiendo a todos aquellos que se acerquen saludar a nuestro Pontífice besen ese anillo con el reconocimiento a una tradición que debe perdurar a lo largo de los tiempos.









