El Gobierno Sánchez sigue presumiendo de cumplir (así se vio hace unos días en las pantallas en la rueda de prensa que dio con el director general de la OMS, Tedros Adhanom, y en la posterior al último Consejo de Ministros)… y de ayudar a empresas y hogares. Sin embargo, empezará a quitar parte de las medidas anticrisis que lanzó tras el estallido de la guerra de Irán: subirá el IVA de la luz y el gas, que volverá al 21%. Esto refleja, una vez más, que el afán recaudatorio puede más en el Gobierno Sánchez. Al tiempo, que ha disparado el gasto con sus múltiples prestaciones (entre ellas, el Ingreso Mínimo Vital).

Recuerden que las citadas medidas anticrisis se aprobaron el pasado 20 de marzo, casi un mes después del inicio de la guerra de Irán (la cual comenzó con ataques de EEUU e Israel a Irán el 28 de febrero) y, encima, Sánchez presumió de ser “empático” al reducir impuestos de la energía. Además, insistió en decir “no a la guerra” y lanzó 80 medidas que iban a movilizar 5.000 millones de euros.

Ahora se ha confirmado que la inflación se situó en el 3,2% en abril, muy por encima del de la eurozona (2,6%), pero en Moncloa no hay preocupación. Es más, el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, presumió de que dichas medidas y las actualizaciones han restado un punto al Índice de Precios al Consumidor (IPC) en abril, en un acto del Cercle Financier d’Amics del País, en Barcelona. Además, no confirmo que se vaya a prolongar el paquete de ayudas más allá de mayo, entre otras cosas, porque “la economía española está mejor preparada”, en su opinión.

Desde el Departamento que lidera Carlos Cuerpo se ha apuntado que la duración de las medidas se planteó para tres meses, pero también estaba supeditada al impacto de la guerra, y la caída de los precios de la luz y del gas en abril “permiten iniciar la desactivación de las medidas sobre el Impuesto sobre el Impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE) y el IVA aplicable a electricidad y a gas natural, briquetas, pellets y leña, a partir del 1 de junio”. En concreto, el IEE dejará de estar en el mínimo del 0,5% y volverá al 5%. Por su parte, el IVA de luz, gas, briquetas, pellets y leña dejará de estar en el 10% y recuperará su tipo habitual del 21%. Por su parte, el Impuesto sobre el Valor de la Producción de la Energía Eléctrica (IVPEE) -más conocido como el del 7% y que se creó en 2012 por el Gobierno Rajoy para reducir la pesada deuda del déficit de tarifa, que alcanzó cerca de los 30.000 millones de euros por las generosísimas primas a las renovables que dió el Ejecutivo Zapatero (un desastre que ahora ha provocado laudos... e injustos embargos)- continuará suspendido hasta el 30 de junio.

El Gobierno Sánchez no se plantea eliminar el IVPEE, algo que le pide la industria para rebajar sus elevados costes energéticos, y además, debería tener en cuenta que Portugal lo ha quitado el pasado 1 de enero. Además, el IVA de los carburantes seguirá en el 10% hasta el 30 de junio, algo que no parece mucho... y menos cuando en abril el IPC ha seguido siendo elevado y mucho más alto que la media europea, en gran parte, por el encarecimiento de la gasolina y el diésel. 

Y todo esto en un contexto en el que la Comisión Europea que preside Ursula von der Leyen considera que retirar ventajas fiscales al gas, al petróleo y a tecnologías fósiles puede reducir la factura exterior de la Unión Europea, liberar recursos públicos y dar señales de inversión más estables hacia la electrificación, las renovables, la eficiencia y el ahorro energético, según informa El Economista. Von der Leyen y compañía deberían volver a escuchar la lección que les dieron Antonio Brufau y el católico Josu Jon Imaz, presidente y CEO de Repsol, respectivamente, en la última Junta de Accionistas de la compañía.