
En un momento en el que la Administración Trump/Vance vive uno de sus capítulos más complicados, ante la incertidumbre de cómo acabará el avispero iraní, una intervención militar que ha generado gran escepticismo entre el electorado trumpista, profundamente contrario a las intervenciones en el exterior, la exvicepresidenta y candidata presidencial demócrata en 2024, Kamala Harris, estaría planeando un nuevo intento de acceder a la Casa Blanca en 2028.
La exvicepresidenta no es precisamente el candidato soñado para los estrategas demócratas, pero el hecho de contar con experiencia de campaña y apoyo financiero para una nueva aventura presidencial, puede inclinar la balanza a su favor, máxime si sus compañeros de filas no acaban de perfilar un candidato alternativo, con muchos perfiles en liza como el gobernador de California, Gavin Newsom, el de Illinois, JB Pritzker, o el exsecretario de Transporte de la Administracion Biden Harris e icono LGTBi, Pete Buttigieg. Y en el flanco más radical del partido, no puede descartarse que la izquierda del partido, y su referente intelectual, el senador octogenario Bernie Sanders, candidato en las primarias presidenciales de 2016 y 2020, pueda patrocinar a un candidato que reúna simpatía entre las cada día más extremistas bases del partido. Podría ser el momento de la congresista por Nueva York, Alexandria Ocasio Cortez.
Para impulsar su candidatura, Harris pretende desligar su responsabilidad por la aplastante derrota en las presidenciales de 2024, tratando no sólo de atribuir su derrota al expresidente, Joe Biden, algo que lleva tiempo haciendo, sino también al aparato del partido. Sorprende, por cuanto fue el mismo aparato el que apartó a Biden siendo ya candidato confirmado, y le puso al frente a ella de un día para otro.
Harris ha desarrollado una actividad frenética en las últimas semanas para tejer alianzas. Fue especialmente relevante su intervención en un evento de la Red de Acción Nacional en Nueva York junto al reverendo Al Sharpton, uno de los principales líderes progresistas a nivel nacional e icono del colectivo afroamericano.
“Muchas personas a su alrededor y en todo el país la alientan a postularse”, indicó Sharpton en una entrevista telefónica. "Definitivamente está recibiendo mucho impulso y creo que, en última instancia, eso afectará su decisión".
El punto más relevante para Harris es el reconocimiento de su nombre, al ser más conocida a nivel nacional que otros líderes de su partido, pero precisamente es también algo que puede jugar en su contra.
Otro aspecto a su favor es que cuenta con una red nacional de recaudación de fondos, que mantuvo activa para ayudar al Comité Nacional Demócrata a pagar la deuda de su campaña de 2024. Y su condición de exvicepresidenta y candidata presidencial le ha ayudado a promocionar el libro que escribió sobre su campaña electoral. Y no es casualidad este último factor, ya que las giras de promoción de libros de memorias suelen ser un indicio clave de que se está preparando una campaña presidencial.
Sin embargo, la opción de Harris no parece emocionar a muchos estrategas demócratas, que conocen que, ni en su época gubernamental fue especialmente popular, como tampoco como candidata, y prueba de ello fue su estrepitosa derrota electoral. Por lo pronto, recientemente se acaba de comprar una casa de ocho millones de dólares en Malibu, California, lo cual no parece una decisión muy acertada, cuando en teoría los activistas demócratas protestan por la gran desigualdad económica que existe en la primera potencia mundial.











