El plan que Marc Murtra pretende exponer al Consejo de Administración es el siguiente: él se convertiría en presidente y CEO -de un grupo vaciado- mientras Emilio Gayo, tras su fracaso como primer ejecutivo, pasaría a ser presidente de Telefónica de España.

Además, se fusionarían -por eso hablo de grupo vaciado- los corporativos de Grupo Telefónica y de Telefónica de España, lo que se presentaría en sociedad como un ahorro de costes. Cierto, pero es que Telefónica no necesita reducir gastos sino aumentar ingresos. De Marc Murtra dependería todo lo demás menos España.

A saber, dependería Reino Unido, que está al borde del abismo. Alemania, que ya no es una empresa sino un contrato que pende de un hilo. Y Brasil, que está fuerte, sí, que funciona, sí, y muy a gusto, lo más lejana posible de Madrid.

En otras palabras, que Murtra seguirá disfrutando de todas las prebendas de la Presidencia: jet privado, la mejor restauración, gimnasio individual y otras regalías, mientras espera el recambio.

Además, cuando el PP llegue a Moncloa, si es que llega, siempre podrá colocar un CEO primer ejecutivo y dejarle a él, a don Marc, como presidente no ejecutivo.

Y para Emilio Gayo, mucho mejor. Lo de menos es su deficiente inglés, el problema de don Emilio es que ni socios, ni reguladores, ni analistas, sobre todo en Europa, quieren negociar con él.

Dicho de otra forma, no se le reconoce como CEO de la compañía. Por eso quiere volver a ser presidente de Telefónica de España, de donde vino y de donde le echó Pallete, y que le recupere su correligionario socialista y zapateril, Javier de Paz, presidente de Movistar+, que es quien le sostiene.

Pero para que Gayo se convierta en presidente de Telefónica de España hay que echar a quien lo es ahora mismo, Borja Ochoa. Entendámonos, a Borja Ochoa se lo trajo Murtra de Indra y jamás le han dejado ejercer como presidente. Es más, Gayo ha dirigido en la sombra telefónica de España con su hombre de confianza, Óscar Candiles.

Y aún peor: Gayo ya destituyó a Ochoa en diciembre de 2025, como adelantara Hispanidad, pero el cese no se hizo efectivo porque Marc Murtra se plantó: el nombramiento era suyo y no cedería la cabeza de Ochoa. Javier de Paz, el poder en la sombra en la operadora, del que Emilio Gayo tan sólo es una marioneta, acordó con Murtra que Ochoa permanecería en el cargo, pero sin mando. Y así ha sido.

El plan de Murtra tiene otra ventaja: el plan estratégico cumplirá un año en octubre. Es el tiempo habitual en el que su hacedor, el propio Murtra, debería dar cuenta al mercado del cumplimiento de los objetivos de dicho plan.

Eso sí: se podrá hacer una limpia de ejecutivos al fusionar dos corporativos, con el consiguiente ahorro de costes. Pero, querido amigo, Telefónica no necesita reducir gastos, lo que necesita es aumentar ingresos. Y desde luego, Telefónica de España, aunque no está hundida, como Reino Unido y Alemania, se está convirtiendo -todo un logro de Don Emilio- en una operadora 'low cost', como también adelantara Hispanidad.

Si se lleva a efecto el nuevo plan Murtra; ¿comenzará una nueva etapa para Telefónica? Sí, a peor. ¿Y la cosa tiene remedio? Sí, siempre que el pastueño Consejo de Telefónica lo vete.

La jibarización continúa. El último que apague la luz.