Los grandes bancos europeos, entre los que está el Santander, se han conjurado para que la Unión Europea aborde, de una vez por todas, las peticiones que el sector lleva haciendo desde hace años y que ha intensificado en los últimos meses, de momento, sin demasiado éxito. Pero deberían hacerles caso.
Hablamos de una carta remitida esta semana a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a la presidenta del BCE, Christine Lagarde, a la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola y al presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Casi nada.
Además de la. presidenta del Santander, Ana Botín, firmaron la carta los máximos responsables del HSBC, Barclays, Standard Chatered, Deutsche Bank, Crédit Agricole, Société Générale, BNP Paribas, UBS, ING y BPCE. Llama la atención la ausencia de bancos italianos, sobre todo la de Unicredit, comandado por Andrea Orcel, actualmente inmerso en la opa sobre el segundo mayor banco privado de Alemania, el Commerzbank.
Sea como fuere, resulta significativo que estos once banqueros hayan enviado la carta ahora, después de que la CE anunciara, durante este pasado verano, que durante el primer trimestre de 2027 emprenderá la tan ansiada simplificación regulatoria. ¿Será que los banqueros no se lo terminan de creer? Motivos tienen para desconfiar, desde luego.
¿Qué piden? Lo mismo de siempre, es decir, rebajar las exigencias de capital para que las entidades puedan destinar ese dinero a financiar a las empresas, y simplificar la regulación, especialmente la que se refiere al riesgo. “Hay que cuestionar la cultura profundamente arraigada de la aversión instintiva al riesgo a toda costa”, reclaman en la misiva. “Las empresas de la UE deber poder crecer y competir a nivel mundial en igualdad de condiciones”, afirma.
Todo esto en el marco de ese mito que es la Unión Bancaria y que estos 11 banqueros pretenden que Bruselas la acelere en 2027, incluida la puesta en marcha del Fondo de Garantía de Depósitos europeo. Ya saben, soñar es gratis, incluso para los banqueros.