Mi artículo sobre el progresista juez Pedraz (en la imagen) ha provocado el apoyo -en correos enviados a Hispanidad- de... ¡personas habitualmente conocidas como extrema derecha! Es decir, de personas antisistema, igualito que la ultraizquierda o que la izquierda moderada, por ejemplo Rubalcaba, cuando pierde el poder. Entre las urnas y la algarada callejera, escogen la algarada porque consideran que les beneficiará en las urnas.

Al principio me extrañé pero luego comprendí que el asunto tenía su lógica.

Mire usted, el cristiano, que sólo debe ser un ultra de la caridad cristiana -asimismo conocida por amor al prójimo- considera que la democracia es el sistema más cristiano de todos, aunque resulte imperfecto y como todos los demás corra el riesgo de caer en sus dos males más habituales: paganismo y relativismo. Pero sigue siendo el sistema menos malo. Cuando el cristiano contempla que los políticos pervierten las esencias democráticas, debe luchar por cambiar a los políticos, no al sistema. Porque las cosas, incluida la crisis económica, no mejora con cambios estructurales en las instituciones o en los sistemas de elección, sino con cambios en las personas. España no necesita un régimen asambleario: necesita unos políticos menos corruptos y más preocupados por la Justicia. Ni tan siquiera precisa un cambio de instituciones, sino de personas.

Ejemplo: la crisis ha llevado a una respuesta 15-M contra la especulación financiera, que se pervirtió a las 48 horas, y a una protesta antisistema 25-S, democrática, que ya nació pervertida.

Por tanto, cambiemos a la clase política española. Es la reforma más importante: jibarizar al Estado, reducir el número de políticos. Eso es lo que desean las buenas gentes que apoyan el 25-S (la mala gente sólo desea armar follón y expandir su desesperanza y su hastío).

En Hispanidad hemos defendido la actitud de Dolores de Cospedal, quien propone reducir a la mitad el número de diputados autonómicos y dejar a los que se queden sin salario, es decir, trabajando por amor al servicio público que es servicio al público. Ese es el camino. Es decir, en la línea que proponía el 'follonero' y que ya se ha convertido en montaje de éxito en Internet.

Y ahí llegó la sorpresa: resulta que ni en su propio partido, el PP, apoyan su medida, naturalmente porque los políticos del PP, como los del resto de partidos, no quieren perder cargo, sueldo y sopa boba. Es más, la han crucificado.

Su correligionario, el gallego Alberto Núñez Feijóo, ha inaugurado las elecciones gallegas sin ninguna propuesta similar. Naturalmente, el lehendakari socialista, Patxi López, lo mismo. Estas actitudes me recuerdan mi fugacísima carrera política como asesor de prensa del Ministerio de Industria (35 días duré), en 1996. Mi antecesor en el cargo, socialista, me despidió con las siguientes y marmóreas palabras: "Tu poder es el número de funcionarios que tienes a tu cargo". No le hice caso, claro está, y por eso duré 35 días.

Además, PP y PSOE deberían darse cuenta de que una reducción de cargos públicos asentaría el bipartidismo frente al desafío separatista. Reduciría los cargos de los dos partidos mayoritarios, sí, pero sobre todo, el de las minorías secesionistas. Pero, naturalmente la víscera más sensible de un político es el bolsillo.

Eulogio López

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