• Despenalización de las faltas. Pues el mismo preámbulo habla de que es lo que más preocupa a los ciudadanos.
  • Quienes cercaron el Parlament de Cataluña deberían haber sido condenados a entre 3 y 5 años de prisión.
  • No es que lo haya dicho el ministro de Interior, Jorge Fernández, pero casi. Echó mano de un artículo del Código Penal.
  • Y el ministro Wert, en su salsa: creando conflictos donde no los hay.
  • Fernández se niega a decirnos cuál es el coste de la Coronación. Hace bien: es el chocolate del loro. Debió ser más elevado. Soraya y Fernández no se entienden.
  • Se me olvidaba lo más importante: el Mariano y el Artur han hablado por teléfono.
  • El día en el que Rajoy metió en chirona a su ex compañero de Gobierno, Jaume Matas y se puso interesadamente duro con los indultos.
  • Ángel Carromero ha sido condenado dos veces: por los hermanos Castro y por Gallardón. 

Consejo de Ministros del viernes 11 de julio. El proyecto de Ley Orgánica de Protección Ciudadana probablemente sea el peor de los posibles para el actual momento. Peca de protección -muy garantista- al delincuente, al verdugo, al ofensor y minimiza el gamberrismo, que es lo que más preocupa al ciudadano de hoy, a la presunta víctima. 

Incluso en su exposición de motivos la ley habla de los "muchos ciudadanos, asociaciones de comerciantes, de vecinos, de padres y también alcaldes que reclaman un adecuado marco jurídico frente a actitudes incívicas, violentas, coercitivas". En otras palabras, lo que la gente le pide al Gobierno es que termine con el gamberrismo y la chulería. Porque Juan Español no tiene miedo a las atrocidades terroristas, o a las mafias: a lo que tiene miedo es… al gamberrismo y a la chulería, a la ley del más fuerte en plena calle. Un 'más fuerte' que, encima, se sabe impune.

Ese es el que comete faltas. Alguien dijo que el Código Penal español era fuerte arriba y débil abajo. Espero que eso no signifique lo que creo significa este borrador: fuerte con el débil y débil con el fuerte.

Eso sí, en lo que respecta a violencia institucional y en todas aquellas gamberradas, como la violencia política, que pueda perjudicar al Gobierno de turno, la ley, que no deja de ser algo parecido a una declaración de principios, la norma hila más fino. Por ejemplo, se le pregunta al ministro Jorge Fernández por el efecto que tendría el borrador si ahora hubiera que re-dictar sentencia en el caso de los indignados que acosaron el Parlamento de Catalunya y atacaron a los parlamentarios. Para responder como ministro que no quiere comentar fallos judiciales, Fernández -astuto él- acude al Código Penal en vigor -y en revisión- y cita textualmente el artículo correspondiente. Pues bien, a los susodichos gamberros de Barcelona deberían haberles caído entre 3 y 5 años. Vamos, que gamberrismo con los políticos no; con el vecino sí que no representa al pueblo. ¿Entienden ahora lo de arriba y abajo

La otra resolución importante del Consejo de Ministros del viernes 11 estuvo a cargo del ministro José Ignacio Wert, para explicarnos una norma que no es una norma: es una amenaza de retirar fondos a la Generalitat si siguen las trampas con la enseñanza del castellano. Para explicar este mandoble -que no diga que no sea en parte merecido- José Ignacio Wert, en su salsa: crea problemas donde no los había.

Y al titular de educación no le agradan los medios, aunque ha vivido de ellos durante toda su vida. Terminada la rueda de prensa mientras los fontaneros de Moncloa hacen de gorilas bis para 'salvar' a los ministros de pérfidos plumillas, Wert exclama con esa versallesca expresión que le adorna, y que no debe al Cielo sino al suelo: ¡Pero si acabáis de tener una rueda de prensa! Es el ministro de educación, un tipo muy educado.

Volvamos al ministro del Interior: Jorge Fernández se niega a decirnos cuál es el coste de la Coronación. Hace bien: es el chocolate del loro. Debió ser más elevado. Un acontecimiento histórico como ese supondría invitar a muchas más autoridades internacionales y le faltó pompa y boato. Así que insistir en los gastos de la coronación cuando en una república habría que proclamar presidente cada cuatro años, no es una cuestión que preocupe en ningún país salvo en España, poblada por aborígenes cainitas.

Pero hace bien Fernández en decir que los costes son inferiores a los de "un partido de fútbol de alto-riesgo" y muy inferiores al coste de un "posible atentado terrorista". Ahora bien, debió defender la coronación pero con la cifra por delante.

Eso sí, conste que la vicepresidenta primera, Soraya Sáenz de Santamaría, que se nos está volviendo bastante tiranuela y un pelín histriónica, le obligó a responder a la pregunta dirigida a ella, con la excusa de que los mayores gastos de la coronación de Felipe VI fueron gastos de seguridad. Llamativo, e innecesario, desplante de una vice crecida.

Lo cierto es que Soraya y Fernández no se entienden. Para ser exactos, todos los ministros que tienen una relación de proximidad personal con Rajoy (Pastor, Margallo y Fernández, por ejemplo) son odiados por la celosa número dos del Ejecutivo. Atraviesa el momento más bajo desde que llegó a Moncloa, en el vital capítulo de sus relaciones con Rajoy. Y es que no está bien querer convertirse en califa en lugar del califa.

Pero si se me olvidaba lo más importante: el gran notición del presente Consejo de Ministros: que el Mariano ha llamado al Artur. Bueno, o al revés, porque la señora vicepresidenta no ha querido desvelarnos el secreto de quién llamó a quién y de si fue a cobro revertido. Sea como fuere: que el 'huevón', dicho sea en sentido cubano y sin ánimo de ofender, del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha hablado por teléfono con el narcisista presidente del Generalitat catalana, Artur Mas, y que la conversación ha sido cordial. En lenguaje diplomático, ya saben ustedes que 'cordial' significa no mentar a las señoras madres de los platicantes.

Los teletipos echan humo pero lo cierto es que, por encima de las vanidades del fondón y del narciso, se cumple lo previsto, que es lo sensato: un acuerdo económico y olvidarse del referéndum con el catalán como emblema político y en una Cataluña bilingüe. Por eso digo que lo del ministro Wert es crear problemas en lugar de solucionarlos.

Insisto, el 'problema catalán' amenaza con convertirse en un paripé de final tasado y pautado, con acuerdo para antes del 9 de noviembre -mejor que fuera para antes de la Diada del 11 de septiembre-.

¡Ah! y Soraya se guardaba un as en la manga: el ex ministro Jaume Matas, codo a codo con Mariano Rajoy en la misma mesa del Consejo de Ministros de José María Aznar, no ha obtenido el indulto del Gobierno y ya ha ingresado en prisión, supongo que don Mariano le hará una llamada explicándole que no podía hacer otra cosa. Y me imagino que Mata le responderé que, después de los indultos fallidos al juez Fernando Ferrín -una injusticia clamorosa y maloliente del retorcido Gallardón-, del casi indulto a Garzón, ahora rechazado y del indulto a amigos de los amigos del susodicho Gallardón, a homicidas y siga usted contando, a lo mejor Matas tenía un 'derecho comparado' derecho a no entrar en la trema. Pero claro, Gallardón y Rajoy tienen que demostrar que son duros con la corrupción.

Ha  sido una jugada muy gallardoniana, esto es, pelín hipócrita: una de cal y otra de arena, táctica con la que se cometen el doble de injusticias: me muestro duro, tras 3 años años de blandenguería en materia de indultos (salvo con el juez Ferrín que ese era católico), con Matas y sobre todo, con la negación más infame, la de Ángel Carromero, para no ofender a los dictadores cubanos, hermanos Castro. Carromero ha sido condenado dos veces: por la tiranía de Cuba y por la democracia de España. También con Garzón a quien pocos llorarán, salvo la progresía recalcitrante. Pues sin condenar a Matas no se podía condenar a Garzón. Lo de Julián Muñoz, claro, va de suyo y al gobierno tampoco le viene mal una toba a la farándula.

Y es que la política exige instinto asesino y un pelín cabroncete. Pero eso sí, ¡sintiéndolo, eh, sintiéndolo!

Eulogio López

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