Atravesamos probablemente la zona de turbulencias más agitada desde mediados del siglo pasado, caracterizada por una incertidumbre multipolar debido a: los conflictos en Gaza e Israel, la tensión en todo Oriente Medio, el tercer año de la invasión rusa en Ucrania, drones rusos que violan el espacio europeo, el derrocamiento por el pueblo del gobierno comunista en Nepal; las tiranteces entre Taiwán y China en el océano indo-pacifico, los ataques de las guerras híbridas y ciberataques, el sabotaje del GPS en un vuelo de Ursula von der Leyen; los genocidios olvidados por  la hipocresía progresista (Congo, Siria, Sudán, Yemen, Nigeria, Irak y Afganistán), el asedio norteamericano a Maduro y al cartel de los soles, el rearme forzado de la OTAN, la vuelta a la mili en algunos países, la guerra arancelaria de Trump, los efectos humanitarios del cambio climático, la alianza de China con Rusia y la India o el asesinato de Charlie Kirk.

Continuando con: la islamización descontrolada de la UE y las multitudinarias manifestaciones en ciudades europeas en su contra, las amenazas de grupos la advertencia de Macron a preparar sus efectivos militares, el debate sobre despliegue de soldados de la OTAN en Ucrania para garantizar su seguridad, el despilfarro en políticas woke mientras se estrangula el estado de bienestar en toda Europa y se destruye a galope la clase media en  España. 

Todo ello son ejemplos de un azaroso tablero de ajedrez que se está jugando en la geopolítica internacional. Para otros son simples dolores de muela que se toleran para evitar el dentista. Pero basta que el descuido de un simple chispazo en forma de peón sacrificado desencadene como en las dos guerras mundiales anteriores un conflicto a escala global. Mientras los actores juegan, en la sala se escuchan “Tambores de guerra” cada vez más cercanos, pero hay árbitros que optan por negar lo evidente y no sólo es el presagio de algún nostradamus vidente.

Decía Maquiavelo que «quien tolera el desorden para evitar la guerra, tiene primero el desorden y después la guerra». Por norma, tras el dolor de muela por una caries sin tratar le sigue una piorrea y termina con la extracción. 

Agitar las alas y huir de los conflictos, como en Paiporta, no resuelve las cosas

Si a todo lo anterior añadimos la crisis migratoria desatada por Marruecos contra España, la debilidad e invasión de las plazas Ceuta, Melilla y Canarias, las trampas al estado de derecho en España, las crisis diplomáticas de Sánchez con la mitad de los aliados, las extrañas alianzas con saboteadores de la democracia dentro y fuera del país, la fragmentación política y polarización social, el antisemitismo desde las filas del gobierno español, la morriña por no disponer de armas atómicas contra Israel por el gasto obligado en defensa; al tiempo que tenemos a un jefe de gobierno que en vez de gobernar el país  se erige en “el salvador del mundo” para camuflar sus líos con la justicia por corrupción, el boicot de Sánchez a La Vuelta y otras eventos deportivo-musicales internacionales con participación israelí emulando la otrora caza de judíos  a cargo de un dictador con bigote (mientras Moncloa se desentiende de los derechos humanos de los saharauis pero organizamos junto con Marruecos el Mundial en el 2026). Además otro elemento adicional es el auge de la violencia política que se respira y que históricamente parece proceder casi siempre de la izquierda que  están contribuyendo a crear  un escenario donde el riesgo de una escalada es una preocupación real para algunos analistas y líderes mundiales. También debería serlo para España, en vista a que un dron enemigo tarda 5 minutos más en llegar a Madrid. Agitar las alas y huir de los conflictos como en Paiporta no resuelve las cosas. 

¿Extraña ahora el desapego y el desasosiego de los occidentales con la clase política por su lejanía de la realidad? Nos sumergen en un caos y encaraman hacia una guerra donde nadie está a salvo por ignorar los valores y las normas de convivencia. El secuestro de los tambores no puede desdeñar la proximidad de un conflicto global. Lo malo, es que nadie opta por rebajar el alto voltaje en el tablero. No descartemos tampoco que alguna de las propias víctimas en guerra sean quienes al final nos arrastren a una beligerancia bélica de mayor envergadura para debilitar al originario enemigo, abriendo nuevos frentes y diluyendo así las bajas propias.