La IA supera al hombre "en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de “aprender”, lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior".

Estas palabras han sido extraídas de 'Magnifica Humanitas' (texto completo aquí), la primera encíclica del Papa León XIV. De fácil lectura y con un amor desmedido por lo concreto, que este Pontífice es muy americano, yo diría que toda esa largueza podría concretarse en esto: lo pequeño es hermoso, lo grandes ingobernable. Lo digital y su punta de lanza, la Inteligencia Artificial (IA) no sólo domina el mundo moderno, sino que, además lo monopoliza.  

Vamos con los mensajes de León XIV, que se enfoca en la IA como colofón de la historia de la doctrina social de la Iglesia, como si León XIV pretendiera cerrar la etapa que abriera su predecesor, León XIII con la Rerum Novarum.

Recuerda el Papa el principio de subsidiariedad... que choca frontalmente con la exaltación de lo público por parte de, por ejemplo, Pedro Sánchez

Primer mensaje explícito de 'Magnificas Humanitas': Cuidado con la IA porque "la inteligencia artificial no es moralmente neutra". De hecho la IA no puede regir ni al hombre ni las relaciones entre los hombres. Es una máquina, no sabe del bien ni del mal. Y además, es grande, global, concentradora, monopolizadora... La primera encíclica de León XIV, insisto, podría resumirse así: lo pequeño es hermoso, lo grande es monstruoso. Grande en tamaño... o en poder.

En el mundo digital el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los Estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, "determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación"

Más mensajes: toda la Doctrina Social de la Iglesia así como la historia misma de la cuestión social', recuerda el Papa, se subsume en el principio de subsidiariedad... que choca frontalmente, por ejemplo, con la exaltación de lo público por parte de Sánchez. Subsidiariedad es que lo que pueda hacer el individuo o la familia, que son pequeños, no lo haga el Estado, que es malo por ser grande, no por ser público.

Y entonces resulta que... "en el mundo, digital el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación".

De pronto, el Pontífice entra en el trashumanismo y el posthumanismo. Atención; éste último, "sobre todo en sus versiones más radicales, va más allá: critica el antropocentrismo y plantea una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, hasta imaginar que atravesará el umbral en el que la humanidad se superará a sí misma, entrando en una nueva etapa evolutiva". Panorama terrible de un transhumanismo y de algunas corrientes posthumanistas, que persiguen "una humanidad potenciada pero casi desencarnada": la del hombre-máquina.

Luego viene una exaltación de la mejor versión de la globalización y del papel de la mujer, así como de la crisis de la educación. Ahora bien, Santidad, ¿de verdad era necesario mencionar entre los ejemplos femeninos a María Montessori, que abandonó a su hijo recién nacido, y como ejemplo de justicia social cristiana la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos o el fin del 'apartheid' en Sudáfrica y no la liberación de Europa del Este del yugo comunista, la peor tiranía del siglo II?

"Es deseable que la tecnología libere al hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona"

Otrosí. En esta encíclica poliédrica el Papa entra en la cuestión madre de toda encíclica: "Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece útil o eficaz, la vida democrática se debilita". Buena definición, aunque presentada con un cierta inversión de conceptos: si la verdad deja de ser una cuestión nuclear no pierde la democracia, pierde el hombre, que es mucho más importante que el sistema democrático.

Más mensajes de Magnificas: "Es deseable que la tecnología libere al hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona".

"Los arsenales militares están en el centro de la atención. En el pasado, el reconocimiento de la amenaza que representaban las armas capaces de destruir a toda la humanidad había favorecido vías de distensión y de negociación sobre el desarme. Lamentablemente, hemos salido de ese horizonte y la evolución de los arsenales nucleares -incluida la perspectiva de usos “tácticos”- hace que el recurso a tales artefactos parezca una posibilidad cada vez menos remota"

En esa encíclica cajón de sastre, quizás por los tiempos que corren, no podía falta una alusión a la carrera de armamentos y a la guerra. Ojo al dato: "Los arsenales militares están en el centro de la atención. En el pasado, el reconocimiento de la amenaza que representaban las armas capaces de destruir a toda la humanidad había favorecido vías de distensión y de negociación sobre el desarme. Lamentablemente, hemos salido de ese horizonte y la evolución de los arsenales nucleares -incluida la perspectiva de usos 'tácticos'- hace que el recurso a tales artefactos parezca una posibilidad cada vez menos remota". Ojo a esa alusión a las guerra nuclear táctica, en una encíclica presentado la noche después de que Rusia lanzara un misil hipersónico táctico, el Oréshnik (avellano), contra Ucrania. 

Por tanto, muy oportuna la mención de León XIV a la guerra nuclear táctica. Cuando Putin habla de invadir Europa no está pensando en una invasión por tierra sino en el lanzamiento de misiles nucleares tácticos que destruyen en segundos a un ejercito enemigo. Sí, hablo de misiles avellanos con cabeza nuclear.   

Insisto; encíclica multitemática. El Pontífice habla de la crisis del multilateralismo. Esta parte seguro que le gusta a Pedro Sánchez: "En lugar de avanzar, estamos retrocediendo con respecto al giro histórico del siglo XX. Después de 1989, el colapso de los regímenes comunistas en Europa vino acompañado de una globalización predominantemente económica, carente de una arquitectura política adecuada capaz de sostener el diálogo y la paz". 

"La espiritualidad que deseo entregar es la del “arquitecto sabio” que, animado por la esperanza en el Reino de Dios, se compromete a construir el bien en el mundo"

Pero la encíclica dice más: "Las organizaciones internacionales, en particular la ONU, siguen siendo instrumentos esenciales para promover una civilización del amor, al apoyar el diálogo entre las naciones, la solución pacífica de los conflictos, el desarrollo integral de los pueblos, la protección de las personas más vulnerables, el desarme y el cuidado de la creación". Les aseguro que el aparato de propaganda de Moncloa no dejará de retorcer, en su favor, estas palabras papales. Son verdaderos especialistas en la materia.

Termina 'Magnificas Humanitas' con unas poéticas palabras. no del todo explicadas: "La espiritualidad que deseo entregar es la del 'arquitecto sabio' que, animado por la esperanza en el Reino de Dios, se compromete a construir el bien en el mundo". 

Y termina, también, con lo mejor de todo: una alusión a las Santísima Virgen María: llegado a este punto final de la historia, Ella es la única tabla de salvación a la que agarrarnos.