El beato y mártir Pablo Meléndez Gonzalo contrajo matrimonio en 1904 con Dolores Boscá Bas y constituyeron una familia cristiana, que fue probada y premiada con el martirio en la persona del cabeza de familia y de uno de sus nueve hijos, de nombre Alberto, durante la persecución religiosa que los socialistas, los comunistas y los anarquistas, alentados por los masones, llevaron a cabo durante la Guera Civil española.

Como he escrito en mi último libro, Hasta el cielo, aunque sean menos las causas de beatificación de los laicos que las de los religiosos y sacerdotes, lo que resulta palmario es que el de los laicos no es martirio de segunda división. Y expongo en uno de los capítulos de este libro el caso del matrimonio de Isidra Fernández Palomero e Isidoro Fernández Rubio, beatificados los dos, que vivían en Villaralto, un pequeño pueblo de Córdoba de poco más de dos mil habitantes:

“Llevados ambos al pozo de la mina Cantos Blancos, sus captores los ataron con los brazos en forma de cruz en las rejas de su entrada, uno frente al otro. Fueron azotados en brazos, manos y muslos, así como sometidos a otros tormentos y vejaciones como clavarles en partes sensibles varas y cañas afiladas. Incluso Isidra fue violada repetidas veces por al menos cuatro de los milicianos y ello delante de su marido. Durante los tormentos, Isidra conservó siempre el ánimo, no dejando de exhortar a su esposo a mantenerse firme en la fe diciéndole constantemente: Isidoro, di conmigo: ¡Viva Cristo Rey! e Isidoro, que nos matan, di: ¡Viva Cristo Rey!

Después de utilizarles como si de blancos de una feria se trataran, finalmente acabaron con ellos descerrajándoles varios tiros a quemarropa; incluso a ella la degollaron. Arrojados los cuerpos al pozo de la mina, el se él fue al fondo, pero el de ella permaneció sobre una viga que atravesaba dicho pozo hasta que fue rescatado al acabar la guerra, casi tres años después, comprobándose que aún conservaba el palo que le habían clavado en los muslos para que mantuviera las piernas abiertas”.

Pues bien, el martirio del beato Pablo Meléndez Gonzalo y de su hijo Alberto pone de manifiesto su extraordinaria categoría humana y sobrenatural. Veamos su comportamiento.

El beato Pablo Meléndez Gonzalo había nacido en Valencia el 6 de noviembre de 1876; por lo tanto, tenía sesenta años cuando murió mártir el 24 de diciembre de 1936

El beato Pablo Meléndez Gonzalo había nacido en Valencia el 6 de noviembre de 1876; por lo tanto, tenía sesenta años cuando murió mártir el 24 de diciembre de 1936. Era hijo de un comandante de la Guardia Civil, que falleció cuando Pablo tenía 14 años y le dejó huérfano a él y a sus seis hermanos menores. Y a pesar de su corta edad se convirtió en un apoyo formidable de su madre para sacar adelante a la familia.

Con quince años ingresó en la Congregación Mariana y supo sacar tiempo para sus estudios de Bachillerato, que realizó en el colegio-academia de Santo Tomás, para enseñar catequesis en el Patronato de los padres jesuitas de Campanar y para visitar a los enfermos del hospital. También ingresó en las Conferencias de San Vicente de Paúl y en la Adoración Nocturna. En su expediente de Bachillerato, todas las asignaturas tienen la calificación de Matrícula de Honor.

Cursó la carrera de Derecho, donde obtuvo Matrícula de Honor en todas las asignaturas, excepto un notable en la de Derecho Internacional Privado. Durante sus estudios universitarios siguió cuidando de sus hermanos e incrementó su actividad apostólica, ingresando en la Juventud Católica, de la que fue presidente. Tras su boda en 1904, presidió el Primer Consejo y la Junta Diocesana de Acción Católica y también fue presidente de la Asociación de Padres de Familia. En 1906 el arzobispo de Valencia, Victoriano Guisasola y Menéndez le nombró su asesor personal, cargo que mantuvieron sus sucesores en la mitra valenciana hasta el año 1922.

Era persona correctísima, afable, delicado, atractivo, con especial donde gentes orador elocuente, fino y de gran persuasión; tomaba parte principal en las veladas y mítines de propaganda católico-social

Tuvo una intensa y coherente vida pública, sin esconder su fe. Fue director del periódico La Voz de Valencia. Durante seis años fue concejal y teniente alcalde del Ayuntamiento de Valencia y durante dieciocho años diputado provincial, en representación de la Liga Católica. Precisamente el oficial de secretaría de la Liga Católica ha dejado escrito su perfil espiritual en los siguientes términos:

“Al fundarse la Liga Católica de Valencia en uno de los primeros años de 1900, empecé a tener trato íntimo con Don Pablo Meléndez por ser yo el oficial de secretaría, llevando la organización electoral de la mencionada entidad, perteneciendo Don Pablo a la Junta Directiva Provincial y ser acertado inspirador de su acción político-social.

Era persona correctísima, afable, delicado, atractivo, con especial don de gentes, orador elocuente, fino y de gran persuasión; tomaba parte principal en las veladas y mítines de propaganda católico-social, actos inspirados por los padres jesuitas Antonio Vicent primero y después por el padre Conejos, y también en los políticos-electorales organizados por Don Rafael Rodríguez de Cepeda y Don Juan Pérez Lucía, unos y otros conocidos y aprobados por las autoridades eclesiásticas.

Huía de la vanagloria de ejercer cargos, pero siempre era solicitado y preferido por los superiores, llegando una ocasión, en que se formó una coalición monárquica, para contrarrestar y combatir la acción anticristiana de la mayoría de los concejales ateos, republicanos, masones, etc., a rogarle los señores alcalde, gobernador y arzobispo para que aceptara ser incluido en candidatura para concejales, compuesta por las personalidades más destacadas de Valencia, por lo que asintió y obtuvo el acta por gran mayoría de votos, en el distrito de la Universidad de Valencia.

El 25 de octubre a las 6 de la tarde le detienen en la cárcel y se lo llevan detenido, junto con su hijo Alberto

De su ejemplar vida se da el caso extraordinario de que nunca oí murmurar de él, ni le conocí acto incorrecto alguno, sino todo lo contrario, Habiendo de asistir yo a una peregrinación a Roma y a Lourdes, al poco tiempo de advenir la República, al despedirme de él me dijo, bromeando, que esperaba le trajera un recuerdo. En esta ausencia mía se produjeron por las turbas revolucionarias los primeros sucesos contra la Iglesia y conventos y, cuando a mi regreso, fui a saludarle y entregarle lo prometido, hablando de los acontecimientos ocurridos, me lamentaba yo de estos gravísimos hechos y de que se habían atrevido a violar como nunca las clausuras, a lo que me contestó que ello no tenía grande importancia, comparado con lo que había de suceder, pues cuando la vida y costumbres tanto se relajan y la inmoralidad llega a tales extremos, como Dios N. S. está tan irritado que su indignación y ofensa no se aplacan ni se reparan, sino con sacrificios de mártires, lo que tenía que venir y veríamos con el derramamiento de sangre de eclesiásticos, religiosos, seglares, etc, lo cual se cumplió como si fuera una profecía, alcanzando hasta su propia persona y vida, víctima propiciatoria de gran valor para mártir, como lo considera modestamente el que se digna y honra escribiendo este relato”.

En efecto, el 25 de octubre a las 6 de la tarde le detienen en su casa y se lo llevan junto con su hijo Alberto. La orden de arresto procedía del Gobierno Civil de Valencia, a petición del Consejo provincial de Vigilancia popular antifascista, por ser católicos reconocidos. Los milicianos, en realidad, preguntaron por el hermano mayor, que se llamaba Pablo, pero como estaba casado y tenía dos hijos pequeños, Alberto se hizo pasar por Pablo y mantuvo ese nombre durante todo el cautiverio, por lo que Alberto es considerado el “Kolbe español”.

Los milicianos, en realidad, preguntaron por el hermano mayor, que se llamaba Pablo, pero como estaba casado y tenía dos hijos pequeños, Alberto se hizo pasar por Pablo

Padre e hijo fueron llevados al Gobierno Civil y de ahí a la cárcel Modelo de Valencia, de donde les sacaron en la madrugada del 23 al 24 de diciembre y les asesinaron en el camino de Castellar, en la pedanía del sur de Valencia. San Juan Pablo II beatifico a Pablo Meléndez Gonzalo el 11 de marzo de 2001. Su hijo Alberto está en proceso de beatificación.

Javier Paredes

Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá.