Si quieren ayuda que la pidan. Así de fácil, más difícil es llegar a las cinco y no haber comido. Tras una invasión truculenta llega la normalidad. Lo malo es una apreciación subjetiva del miedo. Hay enemigos leales, de fiar y hasta con perspectiva de género como Marruecos que manda invadir Ceuta con menores sin documentos de identidad pero escrotos bien poblados con el último modelo de iphone.

En esta guerra híbrida, las migrantes se quedan en casa para una segunda ola invasiva. Lo normal en una táctica militar. Primero la artillería pesada y luego la infantería. Nuestras feministas bien resguardadas en casa. Pero las sospechas de la agresión al territorio y a la narrativa del lenguaje recaen en la internacional ultraderechista, judeo-rusista.

La normalidad era la paz y la tranquilidad previa a la invasión. Ahora la anormalidad nos está trayendo hasta la viruela. Y parece que el caos provocado también. Nos quieren en guerra civil para retener la dialéctica y lo que no consiguen en las urnas. Al sentido común lo tiñen de racista, facha o ultra. Normalizar la anormalidad es de indecentes del lenguaje.

Lo subnormal es acostumbrarse a la nueva normalidad de convivencia avenida, la putrefacción de Ceuta, las chabolas, las agresiones de violentos y los tumultos reiterados en las calles, plazas y playas. Y no eches nada en cara que gozamos del gobierno de la transparencia, de la lealtad, de documentos desclasificados parcialmente y de la pleitesía a Su Majestad, el moro. Al otro no le dejamos ir de excursión no vaya a ser que se repita lo del galgo de Paiporta. Lo de Ceuta no ha sido extraordinario según el titular de justicia, pero ha puesto en evidencia la frontera más insegura de Europa.

Aunque salten otros diciendo: Basta de bulos, basta ya de memeces -exclamó la rubia de bote. Para ser portavoz hay que echarle estómago vomitando desvergüenzas encubiertas. Y si no crees cuántos invasores tenemos sin control alguno, pregúntale a Vivas, que justamente pedía ayuda al Estado para retornar a la normalidad. El mando único brilla como el comité de expertos durante el COVID.

Con tantas crisis resueltas, normal que ante otra más grave se descanse el mes entero y parte del otro si no llegan a denunciarlo. Es su derecho al reposo pagado. Aunque arda Roma. Gracias al puto amo, "No ha faltado diplomacia, lo que ha sobrado es agresión". Porque el Estado somos todos, como hacienda. Pero cuando hay lucro la pasta defraudada no se devuelve en Cataluña, Badajoz o en Andalucía. 

Por suerte la ley es igual para todos, menos para los canallas con carnet que gozan de privilegios como no tienen los plebeyos caballas. Nos quejamos pero ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho. Toda una joya perifrástica. Desde luego son un regalo de cortesía, sin uso, destino ni afán patrimonial al halago progresista.

El vademecum de los aforismos está incompleto. Garantizo que se actualizará en futuras ediciones hasta normalizar el non plus ultra. A lo mejor va a tener razón el ex director de la TV3 Catalana cuando soltó aquello de que los españoles son unos chorizos por ser españoles. Le debió de saber a poco la chorizada del 3% de los Pujol e ignorar el complejo fálico en el subconsciente catalán como expone el autor de la obra: “La Moral Inmoral”, que como no encontró editor en España tuvo que publicarlo en los EEUU. Viva la libertad, carajo, desde el río al mar hasta que se agote en rebajas.

Nosotros también queremos llegar a casa sola y borracha.Y sin armas de gas pimienta contra los okupas, invento de la ultraderecha. Y si te desahucian y van por 4.000 en el primer semestre, haz gala de tu ley felipista echando la culpa al ático ayusista. Pero haciendo apología de la Paz (con escoltas hasta el WC e incitando a los escraches), Trabajo (enchufada por ser señora de) y Casa (de casaplón pa mí y el co-living para el resto) sin comerse un roscón si se aplicara la directiva comunitaria que obligaría a España a sacar escaño con un mínimo del 5% de los votos. Por cierto todos los chantajistas que conforman un total de siete votos experimentarían el mismo destino y tal vez otro gallo cantaría en España. Pero para eso hay que ser “mucho españoles”. Que no se diga que no hacemos cosas.

Las cosas verticales -dice Yoli- a veces no son bonitas pero como nacen de abajo, sí. Nos subamos al tren o en el cohete, que pasan por su mejor momento. Como las miles de viviendas prometidas cuando gobiernen que anticipan ya las miles de chabolas levantadas en Ceuta. Por algo se empieza y se sigue recomendando, en medio de la tormenta, canciones en Spoti. Los caballas destapan a los canallas.

En el lado justo de la historia pretenden ocupar su sitio los vagos alemanes que abogan por trabajar más para salir de la crisis, mientras que los azarosos y productivos españoles por justo lo contrario, trabajar menos que ya hicimos mucho desde Espartaco. Palabra de comunistas -en siglas varias- que de sovietización de la geografía humana y pedagogía semiótica entienden un rato.

A ver cómo defiende una en la OIT el trabajo si pregona el oxímoron (abolir el trabajo) buscando trabajo fuera en sus horas de trabajo a cargo del erario. A lo mejor impone hacer novillos en el curro. Y la otra, con sumo desparpajo el siempre empoderamiento inclusivo del trabajo, trabajes o trabajelles.

La guinda, el apotegma de un cupero catalono-indepe de extrema izquierda que afirma que empresas del Ibex (entre las que menciona a Banesto, sic) está tomada por la extrema derecha porque explota a los trabajadores. A este tío le ha explotado su genialidad académica y le ha salido el PISA catatónico que lleva dentro.

Pero la vida tiene su ritmo. El lenguaje también. Por eso no asumimos suficientemente la estupefacción de haber estado en el gobierno, no haber hecho nada y proponer retornar al poder para hacer lo que no consiguieron hacer. El caso es trincar. Que con tanto trinque, trinqui tapamos el disparo de los precios, la precariedad, la losa de una nueva crisis con el petróleo desatado y la “porquerización” del timo de la política. Con un esfuerzo pequeñito a lo mejor llegamos a los que esperan aún ayuda del volcán de La Palma metidos en barracones. Llegan a ser moritos y estarían todos alojados en grutas de lujo.

A Eurovisión no se si iremos en la próxima edición. Pero la invasión judía en Gaza no es comparable a la invasión marroquí en Ceuta. Hoy todos los electrodomésticos cuentan con obsolescencia programada, lástima que el inédito Ministerio de la Verdad y ciertas figuras políticas de verbo fácil y hueco, no. Como aquel Jaimito enchufado indefinido dedicado a la rima de versos desde el escaño en redes que pide la jubilación del jefe de la oposición cuando él mismo cumple esa edad dos semanas más tarde.

Para acabar, la manía ésa de querer para Madrid de todo como si el federalismo tuviese que barrer siempre para el centro. Miarma, deja algo que no sea la peste para el resto del territorio. Ya lo dijeron otros:

Sí se puede, chao pescao. Y no te quejes, que soy Eurodiputada. Si tienes dudas: «No es mi mujer, es Begoña Gómez». Eso sí que es un matiz saudita y no la tapa servida de gambas. Resta la curiosidad de si duermen juntos o separados. Con tanto PISA por los suelos, llama la atención que ni los ministros del ramo ni los consejeros autonómicos hayan sido cesados. Es de fácil comprensión lectora.