Entre otros muchos, podríamos destacar: la cronificación de todos los males que ha traído la invasión permitida de Ceuta, debido a la abyecta acción y omisión del Gobierno español, cuyo desarrollo futuro está lleno de temores fundados de un estallido social y de claudicación ante el enemigo; el temor de que no se pueda parar el tremendo pucherazo orquestado por el Gobierno desde hace años para conseguir mantenerse en el poder en contra de la voluntad de la mayoría de los españoles de verdad; y la constatación de la carencia absoluta de escrúpulos morales de las llamadas “cloacas” del PSOE, según revelan las últimas informaciones sobre los ataques a los jueces independientes, en especial a la Juez Biedma.
Sin embargo, ha pasado mucho más desapercibido lo más grave de todo: el recrudecimiento por parte del Gobierno de la guerra contra la vida humana, a través del aborto y la eutanasia.
Ya comenté de pasada hace dos semanas que Pedro Sánchez planteó ante los diputados del PSOE que su gran proyecto “progresista” era que “el derecho al aborto” se introdujera en la Constitución.
Y la semana pasada, un miembro de su gobierno progresista, ministra de Sanidad ella, ante un caso de eutanasia en Barcelona que se había retrasado por culpa de la intervención del padre de la víctima, anunció una reforma que acelere la eutanasia e impida que los familiares intenten salvar a sus seres queridos.
La misma ministra que tiene soliviantados a los médicos, por no querer atender sus justísimas demandas y que, en estos momentos, está dejando sin la ayuda necesaria, desamparados a su suerte, a los sanitarios ceutíes ante una situación catastrófica, cuyas consecuencias serán terribles para la salud de todos, y que traerá enfermedades y muertes que se podrían evitar si la tal señora cumpliera mínimamente con su deber, no ha tenido esta semana otra cosa que hacer que emplearse a fondo en recrudecer la propaganda infame del aborto, con unas declaraciones falaces, un vídeo que resume la ignominia antropológica que lo sustenta, y un ataque furibundo a las comunidades autónomas que se resisten a poner en marcha la lista de médicos objetores de conciencia.
Ante estas prioridades del gobierno “progresista” que nos tiraniza, cabe hacerse muchas preguntas. Entre ellas, las que tienen relación con las causas: ¿por qué este afán desmedido contra la vida?
La respuesta nos llevaría muy lejos, y no tenemos espacio para contestarla debidamente, pues tiene que ver nada menos que con el “seréis como dioses” del principio de los tiempos o, si se prefiere, con la hybris de la que nos habla la mitología griega y que, en nuestros días, se traduce en la rebelión moderna contra Dios y su Ley que, suadente diábolo, han sustentado las ideologías que componen el actual progresismo y que han envenenado muchos corazones en su lucha entre el bien y el mal, hasta tal punto de hacer que conviertan el mal en bien y el bien en mal.
Ideologías que, en realidad, son ideolatrías. Y, como tales, irracionales y proclives al fanatismo. Desde el comunismo (que tiene en su haber no sólo más de cien millones de asesinatos de niños, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, sino de un número mayor de asesinatos en el vientre materno) hasta la revolución sexual capitalista que, en nombre de la libertad, va contra la libertad… Y contra la Vida. Y que, por ejemplo, en Norteamérica desde la Ley “Roe vs Wade” de 1973 ha matado ya a otros cien millones.
En España, desde la ley socialista de 1985 hasta hoy ya hemos superado los tres millones de niños abortados. Pero nuestro Gobierno “progresista” quiere muchos más. Y más eutanasias, que hay que ver que lata dan los enfermos graves.
Por lo que, más que reflexionar sobre esa hybris del “progresismo”, tendríamos que preguntarnos de nuevo qué podemos hacer Usted y yo para defender la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural del cuerpo y el juicio divino del alma.
En este sentido, son muy de agradecer otras noticias de hace poco (no todas las noticias van a ser malas): Red Madre, quizás la Asociación más importante en defensa de la vida en nuestro país, ha anunciado que en el año pasado ha salvado sesenta y una mil vidas. Y, en Barcelona, hace también unos diez días, hubo un acto en una parroquia de Barcelona en el que -aunque boicoteado durante algo más de media hora por un grupo de abortistas chillonas y con caras desencajadas, cuyas consignas revelaron una vez más que están poseídas por esa hybris que hemos mencionado- varias mujeres que estaban arrepentidas de haber abortado dieron unos testimonios impactantes sobre el síndrome post aborto y otras consecuencias de ese crimen del que ahora, gracias a Dios, y al reconocimiento humilde de su culpa, abominaban.
Pero esa maravillosa labor y estos actos, y el congreso y la manifestación anual de las asociaciones provida y algunas cosas más, son muy poca cosa aún para todo lo que hay que hacer en esta batalla social, cultural, moral y espiritual en defensa de la Vida, sobre todo ahora que el poder “progresista” está envalentonado y dispuesto a todo.
Por lo que, y perdóneme por la reiteración, vuelvo a repetir: ¿cómo podemos participar Usted y yo en esa guerra crucial? Lógicamente, dependerá de su profesión y status personal y social. Pero hay muchas formas: rezar diariamente por todo lo relacionado con la defensa de la vida y la familia, que eso sí que lo podemos hacer todos; apuntarse como colaborador de RedMadre o de otra asociación provida; crear un canal de youtube o escribir cartas al director a todos los medios posibles; exigir al partido X que o defiende la vida o no lo votamos más; etc., etc.
No olvide que, como decía San Juan Pablo II, “el derecho a la vida es el fundamento de la democracia y de la paz”. Y, si es Usted católico, que Cristo es “el Camino, la Verdad y la Vida”.