Lo acontecido en torno a la victoria de la selección española de fútbol nos ha recordado una serie de verdades palmarias de diverso tipo. Entre otras, que la mayoría de la población tiene un sentido natural de pertenencia e identidad con su país, y que, cuando una actividad no es trastocada y manipulada por los partidos políticos, sino que se deja al libre funcionamiento de las personas que la realizan, pueden lograrse la unidad, la concordia y la excelencia.

Pero, sobre todo, se ha evidenciado que se puede manifestar la fe en Dios, el agradecimiento y la confianza en Él y el “orgullo” de ser católico con toda naturalidad y sin ambages, como han hecho, entre otros, el mejor seleccionador y el mejor jugador del mundo, así como el delantero que marcó el gol de la victoria.

 

Un testimonio de tal calibre no debería ser nada extraordinario, pues lo más natural del mundo, si uno se conoce a sí mismo y se da cuenta de su condición de creatura finita con ansias de eternidad, es el agradecimiento, la alabanza, la adoración y la petición a Dios nuestro Creador y, en Cristo, nuestro Redentor: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”, como lo resumió magistralmente San Agustín.

De hecho, toda la Historia de España, todos sus prohombres y sus excelsas mujeres, y todo el pueblo llano, (antes de que llegase la francmasonería a España a principios del XIX, donde empezó la descristianización y la división de nuestro país) han hecho gala de esa Fe de múltiples y maravillosas maneras: Todo nuestro arte musical, literario, pictórico, escultórico y arquitectónico; y todas nuestras tradiciones, fiestas y costumbres populares están originadas y transidas por la Fe católica.

No pienso que sea sólo una casualidad que la semana que comenzó con la consecución del campeonato del mundo acabe con la celebración de la fiesta de Santiago Apóstol, nuestro santo patrón. Y que esa celebración no haya adquirido el relieve y la dimensión que ha tenido hasta hace poco tiempo. Sobre todo, en las instituciones y ámbitos oficiales, antaño católicos y hogaño laicistas.

Ni tampoco que en esta semana hayamos tenido que recordar, al menos los lectores de Hispanidad, que no hay ningún partido político con representación institucional que defienda realmente la vida humana, siendo así que el derecho a la vida es el primero y primordial de los derechos, sin el cual no es posible ni la democracia ni la paz.

 

Que, sobre todo en el País Vasco y Cataluña, los políticos no se han alegrado del triunfo de España, sino todo lo contrario; y que en estos territorios españoles hay elementos que han arremetido con violencia contra los que, pacíficamente, veían el partido o celebraban el resultado.

Que la corrupción sistémica alcanza ya cotas inimaginables; y que el “pucherazo” del que hablamos hace dos semanas sigue su curso aberrante.

Que la mentira y el odio siguen propagándose sin freno desde los medios gubernamentales. 

Que los incendios siguen devorando nuestras tierras por culpa de la inacción y la legislación de los que tienen la obligación de evitarlos.

Que, en fin, estamos en una situación de emergencia, no climática, sino espiritual, moral, cultural, social y política.

De ahí que, aunque la visita del papa León hace bien poco y, en otro orden, el triunfo de la selección española y las manifestaciones de fe de sus mejores adalides, nos hayan alegrado a todas las personas de buena voluntad, estoy seguro que Santiago apóstol ve mucho mejor que nosotros que el rostro del país que él comenzó a evangelizar, y cuyo patronazgo se le ha encomendado, está enormemente desfigurado.

No pienso que sea sólo una casualidad que la semana que comenzó con la consecución del campeonato del mundo acabe con la celebración de la fiesta de Santiago Apóstol, nuestro santo patrón

Como es seguro que él está deseando ayudarnos, pero necesita que libremente le pidamos su intercesión ante la Virgen y el Señor, quizás sea una buena idea que los lectores de Hispanidad recemos diariamente por España, acudiendo a la ayuda de Nuestra Madre, de Santiago, y de otros intercesores íntimamente relacionados con la historia de nuestro país.

De hecho, y además del rezo del Rosario, he compuesto una breve oración que, con las modificaciones que cada uno quiera hacer, pudiera servirles como referente.

Dice así: “Madre Inmaculada, Patrona de España, tu tierra querida; Santiago, nuestro primer evangelizador y santo Patrón; Reina Isabel; Mártires de la República y la Guerra Civil; san Juan Pablo II…Interceded ante la Trinidad Beatísima para que España vuelva a recuperar su identidad cristiana”.

Que comience por la Madre de Dios y Madre nuestra, la Inmaculada, no pienso que necesite justificación alguna, ya que todos sabemos que, por haber sido asociada íntimamente por su Hijo Jesucristo a Su Pasión, Muerte y Resurrección, es la Medianera de todas las Gracias y abogada de todos los hombres. Y sabemos también de Su predilección por España, y de la correspondencia del pueblo español durante siglos, y de que fueron los españoles los que primero y más dieron la lata para que se definiera el dogma de Su Inmaculada Concepción.

Estamos en una situación de emergencia, no climática, sino espiritual, moral, cultural, social y política

Que siga por Santiago es también fruto de una lógica histórica y conceptual absolutamente irreprochable.

Que continúe por la Reina Isabel la Católica puede extrañar a algunos, pues aún no ha sido declarada Santa oficialmente. Pero como tengo la certeza de esa santidad, su proceso de beatificación va mejor que nunca y el problema de España se inicia en sus gobernantes… Considero que es necesaria su intercesión para que vengan unos nuevos gobernantes que, al menos, sean honrados y busquen el Bien Común. 

Y como la situación en que nos encontramos es debida también a la tibieza y cobardía de tantos y tantos, qué mejor que recurrir a los miles de mártires que lo han sido por su amor a Cristo y por su coherencia y valentía para proclamar la Verdad que nos salva, para que nos ayuden a ser nosotros también mártires, aunque sólo sea de la coherencia y de la paciencia.

Y como Juan Pablo II es el santo no español que más ha querido a nuestro país y que gritó desde Santiago “Europa vuelve a tus raíces”, siendo así que el problema de España es el de Europa entera…

 

Dios quiera que, con esta u otra oración, nos animemos a rezar diariamente por España, además de hacer lo que cada uno pueda, según su status y profesión, en la batalla cultural, moral y política en pro de la Vida, la Verdad, la Justicia y la Libertad. Pues, aunque la oración sea el fundamento de todo, no hay que olvidar lo de “a Dios rogando…”