Al final, Celia Villalobos (en la imagen), vicepresidenta del Congreso por el Partido Popular, ex ministra de Aznar, ha votado con la moción abortista de Izquierda Unida, que pretende, al igual que el PSOE, mantener la ley Aído de aborto libre. Más que un verso libre tenemos que hablar de grano adosado.

Quiero el infanticidio impune, y no olvidemos que su esposo, Pedro Arriola, piensa exactamente igual que ella... y es el asesor político principal de Mariano Rajoy. De paso, Villalobos representa el espíritu del PP: un partido que en su programa electoral defiende el derecho a la vida y que luego mariposea entre un aborto general y el derecho al aborto.

El problema de Villalobos es que no cree en la vida, pero entonces no debería votar contra su partido, lo que debería es marcharse del mismo. Y si no se marcha es porque muchos en el PP piensan como ella. No lo dicen porque quieren retener el voto provida.

Y si Villalobos es más criticada que otros abortistas del PP, marcados por la tibieza, sólo es porque la señora les resulta un poco basta y un pelín grosera. Pero defender la vida no es una cuestión de estilo, del mismo modo que la pureza es mucho más que la higiene.

Eulogio López

[email protected]