No sé si conocen la anécdota protagonizada, en un teatro madrileño, por el malvado Valle Inclán, a quien el Nobel Jacinto Benavente no le caía demasiado bien. El Nobel estrenó obra, la de un pobre desgraciado que, por mor del hado y el destino se ve obligado a maltratar a tirios y troyanos. Es el hado...

Y entonces, cuando la obra carga sobre su persona una media docena de víctimas, más o menos, se yergue el provocador Inclán y se carga la tensión dramática desde el patio de butacas:

-¡Y a mí que este tío empieza a caerme simpático!

Pues lo mismo yo con Cristóbal Montoro (en la imagen), que camina, enhiesto, de charco en charco.

Porque hay que reconocer que el ministro de Hacienda no dice más que verdades. Inoportunas, ciertamente, pero grandes verdades, no lo duden.

1. Escándalo cuando Montoro aseguró que el cine español no gusta a los españoles y vive de las subvenciones públicas, y que todo se debe a su escasa calidad. Gran cabreo en la llamada industria cultural... Pero Montoro sólo había dicho la verdad.

2. La Agencia Tributaria está llena de socialistas. Escándalo mayúsculo, purga política... pero no es más que la verdad.

3. Las empresas informativas tienen deudas con la Hacienda pública. Y con la banca, y con los proveedores, y con los trabajadores. ¡Pero si están quebradas! Ergo Montoro tenía razón.

El titular de Hacienda se comporta como esos viejecitos que ya no aspiran a nada y que, por tanto, se permiten el lujo de decir lo que les viene en gana, para regocijo de periodistas y de electores en general.

A mí que este tío me está cayendo simpático. Siga así don Cristóbal, suéltese la melena que un día exhibió y hable a 'calzón quitao'. Todos se lo vamos a agradecer. Y si al final certifica su muerte política por inmolación inducida, pues... que le quiten lo 'bailao'. La salud psíquica de España necesita de estos prejubilados valientes.

Eulogio López

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