Estoy contra la pena de muerte. Para mí, la doctrina de Juan Pablo II, el Grande, plasmada en su catecismo de la Iglesia Católica, no me deja lugar a dudas: la pena de muerte sólo tiene sentido cuando la sociedad no podía resistir al criminal, porque era más poderoso que ella. Pero el Estado moderno es la maquinaria de poder más grande que ha conocido el mundo. Ningún Estado es tan débil como para no poder resistir a un condenado. Y si no puede resistirle, el violento acaba tomando el Estado y creando su propia "estabilidad".

Por eso estoy en contra de la ejecución del preso mexicano Edgar Arias Tamayo (en la imagen).

Dicho esto, rasgarse las vestiduras por la ejecución de Edgar al tiempo que se defiende, ¡como un derecho humano!, la ejecución de millones de nasciturus, seres humanos indefensos que no han cometido ningún crimen y que no constituyen amenaza alguna de la sociedad, si no su futuro, es la mayor hipocresía actual.

Ayer jueves sobrevolé por uno de los programas de telemierda más famoso en estos momentos. Se trata de Hay una cosa que te quiero decir, de Tele 5 claro, en el que el conductor, el tristemente famoso Jorge Javier Vázquez hizo una defensa de los perritos, a los que hay que tratar en casa como "seres humanos".

Dentro de poco, tendremos que pedir que los seres humanos sean tratados como perritos. Ganarán mucho.

Eulogio López

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