Ilegalidad flagrante pero moralmente aplaudible: rezando ante el aborto Dator.

No hay que cumplir la ley injusta. Si la ley injusta de Irene Montero prohíbe rezar ante un abortorio, matadero de seres humanos indefensos, hay que desobedecer esa ley. Ocurrió en Madrid, viernes 19, ante el mayor aborto de toda España, la madrileña clínica Dator. Ahí les tienen, rezando ante los matarifes. Pueden ser detenidos por ello pero no les importa.

Eso es exactamente lo que hay que hacer: oponerse con medios pacíficos, confiando en la omnipotencia de la oración, y arriesgándose a una detención. Con coraje, arriesgándose a recibir la reprobación social de una inmensa mayoría de tibios que no quieren complicarse la vida y la reprobación del Estado, hoy dominado por los mercaderes de la muerte, que te pueden sentar en el banquillo. Y a lo mejor la primera reprobación asusta más que el poder represivo del Estado.

Porque primero es lo moral, luego lo legal. Además, recuerden que, en el siglo XXI, el discernimiento político se resume en una sola pregunta: ¿Defiende usted la vida o defiende el aborto? El resto viene por añadidura.