
Juan Valderrama, licenciado en Ciencias de la Información, cantante de éxito… De casta le viene al galgo, porque Juan Valderrama, además de tener una voz portentosa, es hijo de dos figuras míticas de la copla, como son Juanito Valderrama y Dolores Abril. Pero por encima de todas estas cualidades, Juan Valderrama es una muy buena persona, pero que muy buena persona. Y solo una persona tan buena como él podía escribir el libro que acaba de aparecer, titulado El caso Sor Patrocinio. Una feroz batalla entre la luz y la oscuridad.
Yo conozco este libro desde su génesis, porque hace un tiempo recibí una llamada de Juan Valderrama. Él tenía que ir al programa ‘Cuarto Milenio’, que dirige Iker Jiménez y me pedía información de Sor Patrocinio para hacer lo mejor posible su intervención. Vino a mi casa y estuvimos hablando más de media de mañana, pero al momento tuve la sensación como si nos conociéremos de toda la vida. Por eso me dolió tanto lo que me contó de mi comportamiento, cuando meses antes de esta entrevista, se acercó a mí después de una conferencia que pronuncié sobre Sor Patrocinio y no le hice ni caso porque tenía que salir pitando para otro sitio.
Juan Valderrama me contó su descubrimiento de Sor Patrocinio y de la devoción que sentía por la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Se me puso un nudo en la garganta cuando me describió lo que le pasó la primera vez que visitó la iglesia del Carmen del convento de las Concepcionistas de Guadalajara
Aquella mañana en mi casa, Juan Valderrama me contó su descubrimiento de Sor Patrocinio y de la devoción que sentía por la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Se me puso un nudo en la garganta cuando me describió lo que le pasó la primera vez que visitó la iglesia del Carmen del convento de las Concepcionistas de Guadalajara, lo que él mismo cuenta en este libro, en el capítulo que se titula una Iglesia vacía:
“Entré en el templo. No es muy grande, ni está muy ornamentado, más bien al contrario. Acostumbrado a la majestuosidad de las iglesias de Sevilla, me parecía un tanto pobre, la verdad. Nada resalta del conjunto, es una iglesita acogedora en la que, eso sí, se respira una paz que invita a la oración.
Estaba terminando el rezo del rosario de aquel día y apenas habría veinte personas. Me senté yo también a rezarlo. Buscaba con la mirada, escudriñando cada rincón, más no fui capaz de encontrar la Virgen del Olvido. Pensé que me había equivocado de iglesia, pero no. Cuando terminó el rezo y los fieles fueron saliendo, pregunté a una chica joven dónde estaba, y me señaló el altar mayor.
—Ahí la tienes.
—Perdona, no la veo.
Soltó una risita.
—Es que es muy pequeña. Tienes que acercarte.
Ignorante de que se trata de una estatuilla de solo veinte centímetros, buscaba, una especie de Macarena en Guadalajara. Me acerqué y la contemplé por primera vez. La talla que el arcángel San Miguel entregó a una joven Sor Patrocinio por encargo de la propia Virgen María. Todo comenzaba a cobrar sentido.
Allí de pie, con el casco bajo el brazo, a escasos metros de su tumba, completamente solo, comencé a orar. Mientras lo hacía, me invadió un sentimiento extraño; una felicidad similar a la que sentí la primera vez que visité Fátima, pero también una tristeza muy profunda. Fue como si se derramaran sobre mí un caudal de amor tan inmenso que empecé a llorar sin consuelo. Lloré por aquella pobre mujer martirizada y por aquella Virgen olvidada y sola.
Puede parecer una locura, pero sentí que me estaban pidiendo ayuda, que de alguna manera yo no estaba allí por casualidad. Había pasado una hora más o menos. Miré de nuevo a mi alrededor y vi que seguía solo. Nadie había entrado en todo aquel tiempo”.
“Fue como si se derramaran sobre mí un caudal de amor tan inmenso que empecé a llorar sin consuelo. Lloré por aquella pobre mujer martirizada y por aquella Virgen olvidada y sola. Puede parecer una locura, pero sentí que me estaban pidiendo ayuda”
Pues bien, esa locura de dar difusión a la vida de Sor Patrocinio y a la devoción de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias es el objetivo de este libro, objetivo cumplido con creces por parte de Juan Valderrama.
El libro cuenta correctamente los episodios históricos en los que se vio envuelta Sor Patrocinio. Juan Valderrama tuvo la humildad y el sentido común para entregarme el original para que lo revisara, antes de publicarlo, y salvo un par de imprecisiones en alguna fecha que le indiqué y que corrigió, todo lo que contaba de Sor Patrocinio se ajustaba a lo que yo había encontrado en los archivos y había publicado en mis libros, que Juan Valderrama se los había leído hasta por los bordes.
Pero Juan Valderrama no quería limitarse a resumir lo que yo ya había escrito de Sor Patrocinio y por eso me pidió ayuda para que le indicase lo que él podía hacer para que su libro aportara alguna novedad.
Y, en efecto, le indiqué que había unas cajas en los archivos vaticanos de Roma, concretamente en el archivo del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que por falta de tiempo yo solo las había visto por encima y que sospechaba que en esas cajas había algo importante.
Juan Valderrama no se lo pensó dos veces y se plantó en el Vaticano y gracias a su consulta este libro descubre por primera vez la mayor persecución que ha sufrido Sor Patrocinio. Se trata de una persecución interna, urdida por un sacerdote español, Manuel Posadilla en los últimos años de la vida de Sor Patrocinio, que justifica con creces el título del libro, El caso Sor patrocinio, la feroz batalla entre la luz y la oscuridad.
La persecución más grande en los últimos años de vida de Sor Patrocinio justifica el título del libro: se trata de las graves acusaciones del sacerdote Manuel Posadilla en su contra, urdidas con la colaboración de altas instancias eclesiásticas
Se trata de las gravísimas acusaciones de Manuel Posadilla contra Sor Patrocinio, urdidas con la colaboración de altas instancias eclesiásticas, que él tuvo sus dudas de contarlas y por eso le pidió consejo al sacerdote y novelista Jesús Sánchez Adalid, que en el prólogo que escribe en el libro de Juan Valderrama cuenta cómo lo resolvió:
“Pero, junto a este impulso, Juan me confesó también algo muy humano: el temor. O mejor, si se quiere llamar así, el pudor. A medida que avanzaba en la investigación, se daba cuenta de que algunos episodios de la vida de Sor Patrocinio —y no solo de su vida, sino de lo ocurrido después de su muerte— no dejaban bien parada a la Iglesia. No a la Iglesia santa y misteriosa, esposa de Cristo, sino a la Iglesia concreta, histórica, hecha de hombres frágiles, de miedos, de silencios, de horrores y a veces de cobardías…
Me di cuenta enseguida de que ese temor de Juan no nacía de la mala fe, sino del respeto, del miedo a herir, a escandalizar, a ser injusto. Más de una vez, él se preguntó si no sería mejor callar ciertas cosas, suavizarlas, pasar de puntillas por los episodios más espinosos. Y fue entonces cuando sentí que debía hablarle con claridad, como amigo, como investigador, pero también como sacerdote. Le animé —y lo hice con insistencia— a que fuera valiente. A que no traicionara lo que había visto, leído y sentido. Le recordé las palabras del Señor: «La verdad os hará libres». No una verdad cómoda ni selectiva, sino la verdad entera, esa que a veces duele, pero que es la única que salva. Le pedí que se hiciera eco de esa llamada de Cristo y que escribiera desde la libertad interior de quien no busca justicia a nadie, pero tampoco falsear la realidad”.
Juan Valderrama le ha hecho caso a Jesús Sánchez Adalid y cuenta lo que él ha visto en las cajas del Archivo del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cuya lectura encoje el alma al contemplar la feroz batalla de la oscuridad contra la luminosa vida de Sor Patrocinio, a la que la Virgen ya le previno cuando se le apareció en 1831, que el demonio la perseguiría después de muerta a través de los hombres. Y esa persecución es la que se describe con todo lujo de detalles y por primera vez en los últimos capítulos de libro de Juan Valderrama.
Javier Paredes
Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá









