Sara Aagesen y Pedro Sánchez insisten en cerrar las centrales nucleares en España, mientras otros muchos países y hasta la Unión Europea impulsan el renacimiento de dicha energía. Entre ellos, está Reino Unido, que acaba de lanzar un programa para impulsar la inversión (tanto pública como privada) en la nuclear.

La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, así como el presidente del Gobierno, presumen de ‘climáticos’ pero quieren cargarse la nuclear, que genera el 20% de la electricidad de nuestro país y lo hace ¡sin emitir CO2!, contribuyendo a garantizar el suministro eléctrico y a luchar contra el cambio climático (o la emergencia climática, como ahora les gusta tanto decir, pese a que esta es negada por muchos científicos). Por ahora, ambos mantienen el cierre progresivo de reactores que se pactó en 2019, en un contexto bien distinto al actual; y Aagesen se limita a decir que sólo Almaraz ha pedido su prórroga… y que sólo se pronunciará cuando se conozca el informe que está elaborando el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). En el entretanto, Aagesen, otros miembros del Gobierno (la vicepresidenta Yolanda Díaz y el ministro Carlos Cuerpo) y el propio Sánchez están haciendo oídos sordos al clamor que llega desde los trabajadores de la central extremeña y desde la comarca Campo Arañuelo.

El pasado mes, decíamos que Aagesen y Sánchez deberían escuchar el canciller alemán, Friedrich Merz, quien afirmaba que había sido “un grave error estratégico” cerrar sus nucleares en abril de 2023, siendo canciller el socialdemócrata Olaf Scholz. El adiós nuclear alemán se decidió en 2011, cuando Angela Merkel (que pertenece al mismo partido que Merz, es decir, a la CDU -Unión Demócrata Cristina-), pero se empezó a gestar en el año 2000, siendo canciller el socialdemócrata Gerhard Schröeder (cuando empezó la invasión rusa de Ucrania y la guerra hace cuatro años se convirtió en un ‘apestado’ por sus vínculos con Rusia -presidía la petrolera rusa Rosneft- y por su amistad con Vladimir Putin). ¿Casualidad? Si uno recuerda al poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán Friedrich Schiller, quien defendía que las casualidades no existen, parece que no, porque desde el año 2000 Alemania pasó a tener una gran dependencia del gas ruso. 

En estos momentos, el país germano está reevaluando su estrategia energética ante el debate de cómo garantizar un suministro eléctrico seguro y estable. La ministra de Economía y Energía, Katherina Reiche (de la UCD), ha aludido a la posibilidad de reintroducir la energía nuclear, pero con un enfoque radicalmente diferente al de las antiguas centrales, apostando por los reactores modulares pequeños (también conocidos como SMR), y no sólo por las energías renovables y el almacenamiento.

Ahora Aagesen y Sánchez también deberían tomar nota de Reino Unido, que ha lanzado un programa para atraer inversión en la nuclear. En concreto, aspiran a lograr una cartera de proyectos maduros y creíbles para desplegar SMR y microrreactores a mediados de la década de 2030, como se recoge en el Advanced Nuclear Framework. Un plan con el que el país liderado por el laborista Keir Starmer busca contribuir al objetivo global de llegar a 24 gigavatios (GW) nucleares en 2050. Por ello, ha anunciado la dotación de unos 31.826 millones de euros al National Weath Fund y espera atraer también inversiones millonarias privadas.

Actualmente, Reino Unido cuenta con nueve reactores nucleares que generan el 12,3% de su electricidad, al tiempo que tiene otros dos en construcción por parte de la energética francesa EDF. En concreto, se trata de Hinckey Point C, en Somerset, que contará con dos unidades y 3,2 GW para generar luz para 6 millones de hogares británicos; y de Sizewell C, en Suffolk, que se levantará junto a las centrales Sizewell A y B, y tendrá 3,2 GW para dar electricidad a otros 6 millones de hogares. La construcción de esta última se aprobó el pasado 22 de julio y reproducirá el diseño y funcionamiento de Hinkey Point C, que lleva años de retraso y de sobrecostes.

Claro que no sólo Alemania y Reino Unido están apostando ahora por la nuclear. El pasado octubre, el Consejo de Ministros italiano aprobó un proyecto de ley que delega al gobierno que lidera Giorgia Meloni la responsabilidad de la reintroducción de la energía nuclear en el país, en el marco de las políticas europeas de descarbonización para 2050 y los objetivos de seguridad energética. Algo de lo que se podría beneficiar la energética Enel (propiedad enun 23,6% del Estado italiano y que controla el 70% de Endesa) anunció la creación de una empresa de reactores pequeños, junto con Leonardo y Ansaldo. Además, si España decide rectificar su calendario de cierres nucleares no sería el primer país de la UE en hacerlo, pues Bélgica le lleva la delantera en dicha decisión.