Una desgracia que los protagonistas del cuadro de Velázquez aparezcan bajo el radar de la justicia con ánimos de fugarse. Es lo que les pasa a ZP y sus hijas, no ya tan meninas. Y al resto de protagonistas retratados, entre ellas la secre Gertrudis, Fuentes la gerente y la fontanera Leire. No hay antidepresivos que haga conciliar el sueño aunque ante todo sea muy presuntamente. Si en otras órbitas occidentales, los colores se habrían derretido del lienzo y cerrado la sala, en el Prado como en Moncloa y sede del PSOE aguantan lo que haya que aguantar. Ni se plantean suspender de militancia a Zapatero como hicieron con otros rejoneadores similares en Abalos o Cerdán. Las Meninas son muchas Meninas que para eso el pintor sale en la obra como actor y guionista. Hay otras Meninas, éstas sin alhajas pero con incienso y mirra, como las hijas de Sánchez y Begoña que también suponemos que no están pasando por su mejor momento porque son herederas de un manojo de imputaciones familiares. En estos casos, hay que pensar en los hijos. Que irán a lo suyo pero los sobresaltos afectan tanto emocional como penalmente, y en especial las “injusticias” de sus progenitores por el mangavirus. Los hay quienes multiplican el oro, la pasta y las joyas, mientras que otros multiplican los caballos pura sangre. Hay que tener mala leche para imputar a pintores ilustres en versión contemporánea del “pana-socialismo” hispanobolivariano con la cruz de Santiago bajo sospecha.
Ser referente papal del progresismo o de la Internacional Socialista en la familia es toda una hipoteca moral, sobre todo cuando se está “al lado correcto de la historia”. Curioso que nuestros progres capitalistas quieran ser socialistas saltándose hacienda, y líderes socialistas de la hoz y el martillo aspiren a ser capitalistas pero a costa de imponer la extenuación fiscal del currante.
Si las Meninas genuinas del barroco fueron el triunfo de la pintura en tiempos de Felipe IV, las actuales góticas del algoritmo whathefav podrían engrosar el triunfo del trapicheo bien entendido bajo otro monarca, Felipe VI. En tiempos pasados -dicen- fueron okupas, no del Prado pero sí de al menos un piso a punto de desalojar la policía judicial que mandó parar ZP para no salpicar su reputación.
Admitamos que donde mejor se guardan las joyas familiares es en el despacho y donde se enseña democracia es en el seno familiar: mamar la igualdad, libertad y fraternidad pero solo de los tuyos, al resto que les den, como sabemos que practicaron Maduro, Castro, Ortega y unos referentes ibéricos con descendencia que engrosan la lista actualizada por horas. Joeer con el dictador Franco, los “demócratas” del cuadro del hidalgo Velázquez están hechos de otra pasta. Con razón que algunos como entonces se pregunten “dónde está el cuadro”. Sin cuadro no hay meninas, menas ni autor. Lo malo es que el cuadro está que se sale hasta de la caja fuerte.
El Arte es un desahogo, también en política. Por eso nuestros retratados -sin píxeles que valgan-, pasarán a la presunta posterioridad y no precisamente por ser boy-scouts. A Julio Iglesias los de la Moncloa le quitaron la presunción de inocencia, a ZP exigen preservarlo por su condición (de ayatolá de las civilizaciones a lobista/comisionista) con el lujo de un portavoz familiar, Luis Arroyo, un empollón del argumentario del PSOE (Q&A) y del sumario en tiempo record para rellenar el silencio gutural de su cliente. Mientras uno se guarda de hacer declaraciones, el otro, el Speaker multifacético (aspirante a la alcaldía de Madrid en lugar de Maroto) sí vende valoraciones con lawfare y tasación gratuita incluida del ajuar, sobre todo para la derecha mediática que a los otros no les hace falta. Dice el vocero que no hay pruebas pero brillan como piedras preciosas. La red zurda ya se encarga de denunciar las fotos de mala calidad de las joyas por haber armado tanto revuelo.
Pero una cosa parece casi segura: Zapatero si se ve acorralado y ya sin pasaporte diplomático, cantará para auto-inculparse del Cuponazo plusultra con tal de inmunizar a sus Meninas y sus criptokilómetros. Los Pujol se conformaban con el 3%; Camps con tres trajes y, ZP por ser socialista, con el 1% más las dádivas zaristas y el oro de Venezuela que el de Moscú ya está fundido. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, va a tener razón cuando exige que le devuelvan el oro azteca porque el venezolano y español se han esfumado. Lo que no sabemos si tanto revuelo zapateril beneficiará política y penalmente a Sánchez, Bego y el hermano David, los más altos ideólogos del lucro progresista, que habrían salivado para que Velázquez les retratara con otro lienzo titulado como el documental: “Moncloa, cuatro estaciones”, junto a Bardén como figurista saliendo de la sauna. Lástima que Angels Barceló ya no lo pueda contar a su manera dando cera en “Hoy por hoy”.
España se merece una Feria del Pudor, como lo tiene del Libro para destapar tanto chorizo envuelto de tripa en Ferraz, Génova, Waterloo, el Ateneo y otros hipódromos. Pero que nadie dude de la auténtica joya universal del Siglo de Oro español, aunque su final ante la justicia nos reúna en el tanatorio por matar el progresismo por dinero y nos rememore otro testimonio histórico: “El entierro del conde Orgaz”. Noble título que los farsantes del puño y la rosa marchita (como antes de la gaviota trans) buscan merecerse para la posterioridad. Puigdemont y Feijóo coinciden en algo, no presentar la moción de censura, que el degradado cuadro está muy bien en el Prado y no vaya a ser que lo cambien de sala o salga de hípica. Son los nuevos Verisure de la honrosa pinacoteca política.
Al paso que vamos y cansados de simulacros de incendios, registros, requerimientos y proclamas de golpe de estado encubierto, Sánchez, con/sin Meninas, nos deja sin fruta en los bodegones como les pasó al PASOK, el PSF y el PS italiano. A lo mejor por eso, tan acorralado se ve que nos quiere embargar la democracia y la cita en las urnas en nombre de todas las guerras en el mundo para impedir el descalabro y “que gobierne la derecha”. Una legitimidad que ni la visita del Papa, el Mundial y el largo verano se entiende ni en pintura salvo en la camilla del psiquiatra.










