
Hace 10 días, Xi Jinping recibió en Pekín al ruso Vladimir Putin, perdido -una gran pérdida- para el Occidente Cristiano. Hace dos semanas Xi Jinping recibió en Beijing al presidente norteamericano, Donald Trump, quien le tendió la mano... y el venenoso chino se la mordió.
En ambos casos, él era el anfitrión, que el soberano global no necesita viajar, dado que todos vienen a rendirle pleitesía. Es el emperador del universo, a la par que uno de los seres humanos más canallas del siglo XXI. Pero todos le aplaudimos, rendidos ante su sabiduría.
Don Xi recibe en Beijing, la nueva corte mundial, a la manera de los antiguos reyes que recibían en sus preciosos palacios y debían empezar ofreciendo a guisa de saludo, una invitación al sosiego: tan impresionantes resultaban.
El modelo chino es no es más que un marxismo evolucionado, el de 'un país, dos sistemas': política comunista, atea, y economía capitalista, que no liberal: un horror
Por Beijing han pasado, genuflexos, los líderes europeos Macron, Starmer y, cómo no, Pedro Sánchez. Ante la corte del emperador han pasado Donald Trump, quien ha sido regañado por los de Formosa. Regañado y amenazado, que es la especialidad del mayor déspota del mundo actual, el tal Xi.
Encima, en Europa, una opinión pública trufada de la marea anti-Trump nos lleva a aplaudir a la mayor y más peligrosa del mundo: China.
El peligro de una nueva esclavitud contra la humanidad no viene ahora de Moscú, sino de Pekín. Se trata, encima, de un comunismo evolucionado, el inventado por los chinos y resumido en el aforismo 'un país, dos sistemas": comunismo político y capitalismo económico.
Es peligroso, sí pero aún más peligroso resulta que Occidente, que tendría que hacer frente a esa feroz tiranía de China, y al peor tirano del momento, Xi Jinping, está en guerra civil entre Europa y Estados Unidos y alabando al déspota chino, que se burla de Occidente e incluso pretende aparentar -aunque se ve que ese papel cada día le aburre más- moderación. Este peligroso autócrata al que el diablo confunda... si es que no ha firmado ya un pacto con el diablo, se está riendo de Europa y de América, todo a un tiempo, desde su trono asiático.
"Dejad que China duerma. Cuando despierte, el mundo temblará". China ha despertado, el mundo tiembla, sobre todo la buena gente que no se fía del mayor tirano del mundo, un tal Xi
Vuelvo a Occidente, una de dos: o nos hemos vuelto todos idiotas o sufrimos de enajenación transitoria. Así que cuando Jinping repita esa tenebrosa y amenazante frase de que "el mundo tiene que elegir entre la paz y la guerra", más le valdría a la civilización cristiana responder de esta guisa: "Sin duda, la guerra". Porque lo que nos está dando a elegir este chino miserable es entre la rendición y la destrucción. No vaya a ser que optemos por la rendición y nos sobrevenga la destrucción sin haber luchado. Al menos, peleemos, y ya veremos quién gana.
"Dejad que China duerma. Cuando despierte, el muno temblará", dijo Napoleón. China ya ha despertado, el mundo tiembla, sobre todo la buena gente que no se fía del mayor tirano del mundo, un tal Xi.
La guinda: Jinping lidera el país más poblado del mundo (1.400 millones de habitantes) empatado con la India. Y ahora, todo indica que ambos tiranos, el chino Xi Jinping y el indio Narendra Modi, se acercan aunque cuando la soberbia de ambos les impida escenificarlo.
¿Que el comunismo chino parece más anti-occidental que el panteísmo indio? Lo acepto. Pero la filosofía panteísta hindú es mucho más opuesta al cristianismo que el inconsistente, casi frívolo, Mammón budista al que adoran los chinos
Y es que, al igual que ocurre en España entre universos, aparentemente tan distintos, como el PSOE socialista y la derecha pagan del PP, Jinping y Modi disponen de un universo común: su cristofobia. Eso les une mucho.
El mundo tiembla porque China ha despertado. Pues ya verán cuando despierte la India y ambas hidras se hermanen.
¿Que el comunismo chino parece más anti-occidental que el panteísmo indio? Lo acepto. Pero la filosofía panteísta hindú es mucho más opuesta al cristianismo que el inconsistente, casi frívolo, Mammón budista al que adoran los chinos.














