El pasado 26 de abril se produjo el 40 aniversario del accidente ocurrido en la central nuclear de Chernóbil, la mayor catástrofe en dicha energía en toda la historia. Pero la efeméride ahora se usa con demagogia para que resurja el miedo a la nuclear… que está en pleno renacimiento mundial, un movimiento al que, tristemente, España no se ha sumado aún, insistiendo en mantener el cierre de sus reactores y sólo abriéndose a estudiar la prórroga de Almaraz (si el Consejo de Seguridad Nuclear -CSN- emite un informe favorable).

Ahora se recuerda con mucho ahínco que Chernóbil está en la trinchera entre Rusia y Ucrania, y que el sarcófago protector recibió el impacto de un dron ruso hace dos meses y medio. Sin embargo, se pasa muy de puntillas por otro hecho mucho más relevante y positivo: la radiación se ha mitigado en un 90-95%, según estima Germán Orizaola, profesor titular de zoología en la Universidad de Oviedo y que lleva estudiando in situ la naturaleza de Chernóbil durante la última década. Es más, ha apuntado que “hay que separar el efecto inicial a la situación actual. Actualmente Chernóbil tiene la mayor población de lobos en toda Europa”. Además, tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania y el estallido de la guerra el 24 de febrero de 2022, pero sobre todo, a raíz de la ocupación rusa de la central de Zaporiyia, la más grande de Europa, también se ha intentado meter miedo ante la posibilidad de una nueva catástrofe. El Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés) mantiene una presencia continua de expertos para garantizar que la operación se mantenga con la mayor seguridad desde septiembre de 2022… y no ha pasado nada de lo temido.

Ahora hagamos un viaje en el tiempo. El 26 de abril de 1986, se hizo una prueba de seguridad del reactor 4 de la central de Chernóbil, simulando un corte de energía eléctrica que mantenía la circulación del agua de enfriamiento del reactor, pero en el cuarto intento de la prueba se dio un sobrecalentamiento descontrolado del núcleo del reactor y se produjo una explosión que liberó una radiación 500 veces mayor a la de la bomba de Hiroshima. Y por cierto, hay que subrayar que dicho reactor, al igual que la mayoría de los que se construyeron en la antigua Unión Soviética, era del tipo RBMK (moderado por grafito y refrigerado por agua ligera), que nunca se hubiese autorizado en los países occidentales, según Foro Nuclear explicó a RTVE. Cabe destacar que de los siete reactores que hay en España, seis son de agua a presión (PWR) -el tipo más utilizado en el mundo- y uno (el de Cofrentes) es de agua en ebullición (BWR). En la red social X, Josep Rey, ingeniero eléctrico, instructor de Operación de reactor PWR y profesor asociado de la Universidad Rovira i Virgili (URV), recordó lo sucedido en Chernóbil. 

Conviene referir que dicho accidente fue por una prueba de seguridad un tanto chapucera que se fue de control y llevó al reactor 4 a un extremo que no pudo aguantar. La explosión y la catástrofe generaron un gran temor a la fisión nuclear y también que se retrasara la fusión. Décadas después se usó lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima (que cuenta con seis reactores del tipo BWR), en Japón, tras un terremoto y el posterior tsunami el 11 de marzo de 2011, para seguir extendiendo el miedo a dicha energía... De hecho, tras dicho accidente, pese a que no causó ninguna muerte por radioactividad y no provocó que Japón abandonará la nuclear, la entonces canciller alemana, la democristiana Angela Merkel, decidió cerrar los reactores de su país. Merkel recuperó una idea que había empezado a gestar el socialdemócrata Gerhard Schröeder siendo canciller en el año 2000 (lógico, tenía amistad con Vladimir Putin... Alemania disparó el uso de gas ruso... y Schröeder acabó presidiendo la petrolera rusa Rosneft) y quien culminó la decisión del cierre nuclear fue el socialdemócrata Olaf Scholz en abril de 2023, cuando dio cerrojazo a las tres últimas. Sin embargo, ahora el canciller alemán, el democristiano Friedrich Merz ha apuntado como “un grave error estratégico” el fin de la nuclear en su país... e incluso ha subrayado que “al menos se deberían haber dejado en funcionamiento las últimas centrales nucleares que quedaban en Alemania hace tres años, para tener al menos la capacidad de generación de electricidad que teníamos en ese momento”... y así también un precio de la luz mucho más barato. 

Por su parte, Japón no sólo no abandonó la nuclear, tras Fukushima, sino que ha apostado por impulsarla y extender la vida útil de sus reactores más allá de los 60 años. Además, su nueva primera ministra, Sanae Takaichi, ha situado esta energía en el centro de su estrategia energética, como ha explicó Alfredo García (más conocido en X como Operador Nuclear), quien es ayudante de jefe de turno en la central nuclear de Ascó, tiene licencia de operador de reactor y supervisor, y también es ingeniero de Telecomunicaciones, licenciado en Comunicación Audiovisual, divulgador científico y escritor. 

García apuntó que desde Fukushima, “los reactores se han reforzado con sistemas de refrigeración adicionales, defensas frente a desastres naturales y protocolos más estrictos que hacen mucho menos probable un suceso similar”. Y entre esos reactores reforzados están los siete españoles, destacando los de la central de Almaraz, que obtuvo la certificación WANO 1 en 2020 y la revalidó en 2025, lo que la sitúa en el máximo nivel de excelencia mundial, y técnicamente puede seguir operando muchos más años. De hecho, su central gemela North Anna (situada en el estado de Virginia, en EEUU) ya tiene licencia para operar 80 años, algo que el regulador nuclear estadounidense (la NRC) acaba de autorizar también para las unidades 1 y 2 de St. Lucie; y más de 140 reactores de todo el mundo (un tercio del total) cuentan con licencia a 60 años. 

El pasado 20 de marzo, la ingeniera nuclear Marta Ugalde, asumió la presidencia de Foro Nuclear (asociación que agrupa a la industria nuclear española), relevando a Ignacio Araluce, con “mucha ilusión y sentido de la responsabilidad en este momento clave”, tanto por lo que respecta a la renovación de la licencia de la central de Almaraz, de la que depende el futuro de 4.000 familias y el modelo energético del país, como por el contexto geopolítico ahora marcado por la guerra de Irán y que ha vuelto a constatar la necesidad de mantener la autonomía energética. Para Ugalde, “las renovables y las nucleares constituyen el mix perfecto”, considera que “no podemos prescindir de los activos nucleares” y que “renunciar a esta tecnología (la nuclear) sería avanzar en sentido contrario a Europa”, pero ahora “España tiene la oportunidad de alinearse con Europa” y no cometer el “error estratégico” que ha denunciado Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

Por cierto, desde Bélgica se acaba de mandar una importante señal a España: ha decidido parar el desmantelamiento de las centrales nucleares que ya había cerrado para no perder una infraestructura que podría volver a necesitar. Desde hace décadas planeó despedirse de esta energía, empezó con cierres progresivos y se quedó con sólo dos reactores operativos (Doel 4 y Tihange 3), cuya vida útil prolongó por diez años en julio de 2022. Ahora Bélgica da un paso más, aunque no implica reabrir mañana las centrales cerradas, pero sí “reconocer que desmantelar es un camino sin vuelta atrás, y que hacerlo sin tener una alternativa equivalente en capacidad firme puede ser un error difícil de corregir”, como ha explicado Alfredo García. “Por eso se detiene el proceso, para ganar tiempo, para mantener opciones abiertas, incluso para estudiar una posible participación del Estado en el parque nuclear”, ha añadido. 

En paralelo, en una jornada sobre el aniversario del apagón que organizó el PP en el Congreso esta semana, García refirió que el día del famoso apagón (28 de abril de 2025) había tres reactores parados (uno era Trillo que estaba en recarga) y dos funcionando al 70%, “paradas que habían sido autorizadas por Red Eléctrica”. Sin embargo, la CNMC se ha lanzado a abrir expedientes sancionadores a diestra y siniestra para esconder y proteger al verdadero culpable (Red Eléctrica, por tanto, la exministra socialista Beatriz Corredor), y cinco de esos expedientes han ido para los titulares de las centrales nucleares, pero Foro Nuclear ha respondido que “no tienen relación con el apagón”.