Explicamos hoy en Hispanidad que andan enfadados en Telefónica con la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Por dos razones: las pegas que el organismo regulador está poniendo al despliegue de fibra óptica y las pegas que está poniendo a la compra de Canal .Y decimos, "ahora", porque, supuesto, y no admitido, que el sistema de cuotas (esto es, la libre competencia consiste en que haya varias operadoras con similar cuota de mercado) sea un buen sistema, lo cierto es que lo es cuando vivimos en un mercado emergente. Ahora bien, la telefonía en España es un mercado archimaduro. Junto a Telefónica, operador de referencia, hay dos multinacionales (Vodafone y Orange) de igual o mayor calado que Telefónica y perfectamente implantadas en España. Por tanto, es el momento en que Marín Quemada, presidente de la CNMC, por otra parte, una de las mejoras cabezas con las que cuenta España en materia de regulación, prescinda del principio de cuotas de mercado y del principio de replicabilidad (es decir, que un operador no pueda lanzar una oferta buena para el consumidor hasta que otro puede lanzar una similar). Es lo que llevó a afirmar aquello de que si alguien descubría una vacuna contra el sida no se podría aplicar a los enfermos hasta que hubiera otra vacuna que pudiera competir con la primera.
Total: el que quiera fibra óptica que invierta en zanjazear el país. ¿Al regulador que más le da si es rentable o no? Son inversiones privadas y si se equivocan que se equivoquen. El caso es que el consumidor reciba fibra y a buen precio.  Además, si Telefónica paraliza el despliegue ya saben quién va a sufrir: el mercado rural, allí donde no quiere invertir nadie porque hay poca densidad de población.
Y con lo de Canal ocurre algo parecido. Telefónica no sólo quiere utilizar los derechos del Plus, lo que quiere es crear una central de compras y ventas de contenidos. Pues si los demás quieren competir que pujen por esos derechos y que intenten hacerse con otros. Y si no fuera posible entonces sí: a la CNMC.
Dicho lo anterior, no estaríamos hablando de nada de esto si se hubiera mantenido el viejo modelo económico ­lucidísimo: las infraestructuras básicas para el Estado y las sobreestructuras para la propiedad privada. Que toda la red de fibra óptica sea pública. Como lo son las vías del AVE, tan costosas que ningún privado puede comprarlas. Y que la competencia se establezca sobre las sobreestructuras.
Ahora, no antes, y dentro de este modelo Telefónica tiene razón.
Hispanidad
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