• Salto que consiste en imitar a Telefónica: quiere una petrolera propiedad de inversores institucionales, no de un núcleo duro.
  • Apuesta arriesgada, por cuanto su bajo nivel de deuda y el aumento de sus reservas le convierten en pieza codiciada para las grandes petroleras mundiales.
  • La empresa crece en exploración y reactiva sus refino y distribución.

Los resultados de Repsol durante el primer semestre del año han sido buenos. Aumenta sus reservas y le ha dado la vuelta a refino y distribución, que no deja de ser el punto más débil de las petroleras europeas.

El ebitda crece un 1,4%, que no es mal dato si consideramos que durante el primer semestre ya ha desaparecido el efecto YPF. En otras palabras, que la comparativa resulta más adecuada.

Ahora bien, el principal reto actual de Repsol no es el balance sino el corporativo. Su presidente, Antonio Brufau (en la imagen), quiere imitar el modelo de Telefónica. En otras palabras: que Repsol sea propiedad de inversores institucionales, no de un núcleo duro. Entre las mejorables relaciones con Caixabank, primer accionista con un 12,5%, y el deseo del Gobierno Rajoy de mantener a toda costa la españolidad de Repsol, ese cambio de industriales por institucionales puede resultar complejo.

Y lo bueno, pero también lo peligroso, es que Repsol se ha convertido en una perita en dulce para las grandes petroleras mundiales. Tiene reservas en aumento, un tamaño medio y no puede hablarse de paz social desde la expropiación-robo de YPF a cargo de doña Cristina Fernández de Kirchner.

Miriam Prat

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