Benedicto XVI se prepara para su viaje apostólico a México estudiando la realidad del país, escribiendo los discursos y rezando

 

Está claro que México -como España- siempre desborda un entusiasmo particular ante las visitas de los pontífices. Así ocurrió con Juan Pablo II y así va a ocurrir con Benedicto XVI en su visita a México del 23 al 26 de marzo.

Según el director de comunicación y prensa de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Samuel Nájera, el Gobierno mexicano calcula que un millón y medio de personas saldrán al encuentro del Papa Benedicto XVI. Más de dos mil medios se han acreditado ya.

Por ejemplo, el domingo 25 de marzo, Benedicto XVI celebrará una multitudinaria Misa en el Parque Bicentenario, en la localidad de Silao, a los pies del Cerro del Cubilete en cuya cima hay un gran monumento a Cristo Rey. Ya se han inscrito 350 mil personas. Pero "las autoridades eclesiásticas y el gobierno están esperando la participación principalmente ese día domingo de cerca de un millón y medio de personas".

Se espera también una asistencia considerable de fieles de otros países y de otras Conferencias Episcopales: "Cada vez crece más la expectativa, ciertamente están pendientes los cierres de las calles, algunos aspectos técnicos, cómo se va a recibir a los peregrinos, el lugar donde puedan tener un punto para pasar la noche como son campamentos, se están ultimando las medidas de seguridad con protección civil, de atención médica, puntos de alimentación, de hidratación".

¿Y qué hace mientras el Papa? Lo de siempre: Benedicto XVI se prepara para su viaje apostólico a México estudiando la realidad del país, escribiendo los discursos que ofrecerá y rezando, según reveló uno de sus principales colaboradores.

Porque México, al igual que España, es la tierra del Papa.

José Ángel Gutiérrez
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