Todavía no ha llegado al Gobierno pero al PP ya le empiezan a llegar mensajes sobre aspiraciones de allegados. El trío Miguel Sebastián - Luis Mañas - Suárez Coppel, a escena. Repsol estudia el presunto intento de Pemex por utilizar tecnología sensible. Mientras, primera trifulca entre los bancos acreedores de Sacyr entre duros y blandos por la refinanciación

Esto se hincha. Fuentes del PP han comunicado a Hispanidad que el ex ministro y responsable del partido en Cataluña ahora mismo al frente de Vueling, Josep Piqué, les ha hecho llegar el mensaje de que estaría disponible para encabezar una candidatura de consenso en la batalla por Repsol. En otras palabras, que se autopropone como sucesor de Antonio Brufau en la Presidencia. En la calle Génova están asombrados: aún no han llegado al poder y ya reciben mensajes con aspiraciones de militantes, simpatizantes y allegados.

¿Que qué va a hacer el PP? Pues, según esas mismas fuentes, por ahora nada de nada. No toca. Rajoy ya ha dejado claro que sin que sea una entusiasta de Antonio Brufau, Luis del Rivero le gusta mucho menos. Como Rubalcaba, Rajoy considera que Repsol está muy bien como está y que lo que tiene que hacer Sacyr es arreglar sus problemas financieros sin desguazar la petrolera y sin entregarla a un empresa estatal. Pero no es el momento de cambiar presidentes y puede no serlo nunca. Al menos eso es lo que hoy dicen en Génova y que es su intención para cuando lleguen a La Moncloa.

Mientras tanto, la batalla por Repsol va centrándose. Poco a poco, pero se centra. Por ejemplo, cada día adquiere más protagonismo el papel de Luis Mañas, anterior director financiero de Repsol, hoy consejero de Técnicas Reunidas, proveedor de la petrolera y asesor de Pemex. Para ser más exactos, del trío Miguel Sebastián-Luis Mañas-Suárez Coppel, éste último, primer ejecutivo de Pemex. Los tres se conocieron durante sus estudios en Chicago, Mañas es amigo del ministro Sebastián y ahora asesor de Coppel. No sólo eso: Mañas participó en las reuniones entre Repsol y Pemex para buscar colaboración. Reuniones fallidas que, precisamente, provocaron un enfrentamiento entre ambas compañías. Se quejan los mexicanos de que Repsol no ha querido invertir en México y responden los españoles que lo que les ofrecían no era una inversión rentable, sino pozos que nadie desea además de utilizar una tecnología que es la que ha permitido el crecimiento internacional de Repsol.

Precisamente esta tecnología es ahora causa de polémica. A la prensa mexicana se ha filtrado el contenido de un documento en el que Pemex habla de que le sale mucho más barato comprar un 5% de Repsol que importar dicha tecnología. La prensa española también se ha hecho eco del asunto y en la propia Repsol se estudia la posibilidad de que Pemex pretenda que lo suyo es una inversión financiera que quiere convertirse en inversión industrial. En ese caso, estaríamos ante una colisión de intereses entre dos competidores y el asunto podría llegar a los tribunales.
 
De cualquier forma, no se equivoquen. El hombre que ha llevado la negociación entre Sacyr y Pemex, nada menos que en Panamá, ha sido Salvador Font, un ex Iberdrola, hoy en la constructora del Luis del Rivero. Font fue el mismo que intentó solucionar el problema de la deuda creciente de Sacyr con una alianza-fusión entre Repsol e Iberdrola, alianza que no se llevó a efecto, no porque se negara Brufau, sino porque se negó Iberdrola.

Por último, la cuestión de fondo: la renegociación de los casi 5.000 millones de deuda que afronta Sacyr, con los que compró su 20% de Repsol y que debe renegociar antes de diciembre. El Santander le sigue apoyando pero bancos extranjeros -y alguno español- exigen más garantías. Por de pronto, el Citi, segundo prestamista ya ha dejado claro que no aceptará una refinanciación ni a 10 ni a 5 años, tres a lo sumo. Pero el alargamiento no arregla el problema porque la carga de intereses crece.

Eulogio López

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