Una publicación católica recoge unas declaraciones de Elvira Lindo, la autora de Manolito Gafotas, de la escudería PRISA.

Sus palabras no tienen desperdicio porque de todas y cada una de ellas pueden extraerse bellas e instructivas lecciones. Ojo al dato: "No se entiende cómo la Iglesia desecha la belleza que en torno a la idea de Dios crearon algunos de sus más inspirados creyentes. No se dan cuenta de que la estética es un espejo de la ética. Si los actos religiosos tuvieran una dignidad en su puesta en escena, algunos igual nos convertiríamos".

No tenía la menor idea de que la Iglesia deseche la belleza o la dignidad en sus celebraciones. Sobre todo porque, por lo general, la progresía, o sea, doña Elvira y compañía, acostumbran a formular la acusación opuesta, la de que la liturgia es un tostón de mucho cuidado. A lo mejor pretende que no se celebren otras eucaristías que aquéllas que se oficien en catedrales góticas o en el Museo del Parado, abarrotado de obras de arte religiosas.

Lo segundo es mucho mejor. Alude doña Elvira a la belleza creada "en torno a la idea de Dios". No señora, no: sobre la idea de Dios se han creado tratados de filosofía, pero los creyentes (¡Qué manía!: que los cristianos no somos los que creemos en Cristo sino los que amamos a Cristo) no creen en 'la idea de Dios': creen en Dios. Así que no creo que la inspiración artística haya llegado por la vía de los filósofos.

"La estética es un espejo de la ética". Hombre, si alguien no parece haber olvidado tal cosa es la Iglesia, afirmación que se demuestra por el hecho de que el patrimonio artístico occidental es (en un ¿80? ¿90? por 100) de temática religiosa y ligado a la Iglesia o a los católicos.

Por cierto, las celebraciones religiosas poco dignas son precisamente las que la progresía siempre ha animado, tanto desde todas las perspectivas: litúrgica, artística, musical, etc.

Pedo doña Elvira tiene buen corazón. Así, asegura que si la Iglesia cumple con unas condiciones tan razonables, "algunos igual nos convertiríamos". Encantadora promesa, sí señor, aunque habrá que recordarle a doña Elvira que el problema no es que ella crea en Dios sino que dios crea en ella. Es usted, doña Elvira quien Le necesita, no al revés. Por eso, en la 'negociación' entre el Creador y la criatura es el primero el que impone las condiciones: las éticas y las estéticas.

Eulogio López

[email protected]