El pasado 1 de mayo las dos centrales sindicales, CCOO y UGT, volvieron a solicitar una reforma financiera para otorgar más crédito. Con ello no sé si piden una nacionalización de la banca, objetivo hacia el que siento una querencia casi insostenible.

De hecho, lo que yo nunca haría sería nacionalizar las cajas de ahorro, que es lo que está haciendo el Gobierno Zapatero.

En cualquier caso, me atengo a las palabras del consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz. Alfredo es un tipo brillante y es de Bilbao. Por tanto, lo que ha dicho es que la recesión económica española no se arregla con crédito. Es más, lo que precisa nuestra economía es desapalancarse, asegura, y tienen toda la razón.

A más a más, que dirían, no los de Bilbao, sino los de Barcelona, lo que necesitamos es cambiar de mentalidad y empezar a funcionar con nuestro propio dinero. Y si por falta de liquidez no podemos crecer más aprisa, pues no crecemos más aprisa y en paz. El problema de la empresa española es que siempre trabaja a crédito, no con fondos propios, y si no se endeudan o invierte.

Ahora bien, lo que precisa la economía española son emprendedores a los que el Estado no asfixie con cuotas sociales, impuestos de sociedades -y pagado por adelantado, y burocracia-. Que no le asfixie el Estado y que no le asfixien las grandes compañías, pues ambos pagan tarde y mal.

Este sí que es un nuevo modelo económico. Por ejemplo, que las grandes empresas estén pagando menos impuestos sobre el beneficio que profesionales, autónomos, comerciantes, pequeños agricultores y micropymes clama al cielo. No necesitamos más proletarios sino más propietarios. Y el pequeño propietario, el cuentapropista, el que posee su propia máquina de facturar, no necesita ayudas, ni subvenciones, ni créditos, lo que necesita es que le dejen en paz y que no le obliguen a pagar, proporcionalmente, mucho más que las grandes compañías... que son las que explotan a sus proletarios.

Me temo que este paso de proletarios a propietarios no lo han entendido ni los políticos, ni los grandes empresarios ni los sindicatos.

Y, por supuesto, el pequeño propietario es el hombre libre.

Eulogio López

[email protected]