Con motivo de la contundente victoria electoral reciente del partido ultra-conservador alemán Alianza por Alemania (AfD) en el estado de Sajonia-Anhalt, el presidente ruso Vladimir Putin aprovechó la ocasión para mofarse del declive de la Alemania del canciller Friedrich Merz (CDU).

Putin dijo que los acontecimientos en Europa, incluida la victoria de la extrema derecha en unas elecciones alemanas, son el resultado de «errores sistémicos» cometidos por los globalistas en Occidente.

Ante la amenaza de Berlín de rearmar a Kiew en la guerra en Ucrania, Putin exputó sobre los alemanes: «¡No queremos atacarlos! ¿Por qué lo haríamos? ¡Esa época ya pasó hace mucho tiempo! Cualquier persona que esté en su sano juicio y sepa razonar lo comprende »

Pero Alemania tiene un problema no sólo con Putin por la agresión a los ucranianos, la violación del espacio aéreo con drones rusos en Leipzig y el cierre del consulado en Bonn, sino con su propio destino en una Europa decadente. cuyo espejo parece roto en cientos de pedazos.

1) Atrapada entre el encarecimiento energético, el colapso burocrático y la implacable competencia asiática, Alemania ya no sufre una simple resaca cíclica, sino un acusado fallo sistémico. La que fuera locomotora continental asiste al declive de sus pilares industriales, dejando al desnudo las costuras de una Europa sin brújula para regocijo de sus enemigos.

2) En recesión desde hace unos años, la economía alemana según sus gurús que asesoran al ejecutivo pronosticaron un breve repunte del PIB en el 2026 del 1,4%, pero ha sido recortado ahora al 0,5%, hasta llegar al 0,8% en el 2028.

Con una deuda pública de 2,5 billones de euros, ya casi ningún experto financiero sabe cómo Alemania pretende pagarla. La líder Alice Weidel -AfD- ha declarado por ello que el “país está en bancarrota”. Y no le falta razón cuando institutos de estudios económicos y agencias de calificación de riesgos empresariales (como el instituto IWH y Creditreform) advierten que las quiebras corporativas en Alemania han escalado a máximos no vistos en los últimos 20 años.

Y ahora, quieren pedir prestado otros 100.000 millones para armarse contra Rusia. La partida contra otros enemigos en la guerra híbrida aún tendría que negociarse en el Bundestag.

3) El país está lleno de millones de migrantes que cuestan 50 mil millones de euros al año a las arcas germanas. La remigración auspiciada en su día por Merz en campaña ya no es secundada desde que está al frente de la cancillería en Berlín, dando alas a partidos como AfD. Pero todos los sacos tienen un fondo aunque no lo parezca: el gasto social para la materialista Alemania que ha aumentado sin parar hasta el 30% en el último lustro (en especial para pensiones y sanidad), promete severos recortes ahora. A ver cómo contestan a la Gran Coalición en Berlín la oposición, los sindicatos y los trabajadores.

4) Una parte considerable de su población está tan “perturbada” (según Putin) que cree que puede influir en el clima yendo en bicicleta y haciéndose vegano mientras las emisiones de C02 no se reducen con tantos cambios de criterios legislativos, como la polémica “ley de las calefacciones”: hasta hace poco pretendían cambiar en tiempo récord las calderas domésticas de gas y gasoil por aerotermias a diestro y siniestro. El Plan Renove no funcionó para frustración del entonces ministro de Economía, Robert Habeck, pasando factura en las últimas generales a su partido Los Verdes.

5) El sistema educativo fue en su día ejemplar. Hoy en muchas aulas, la enseñanza ha bajado de excelencia, porque falta hablar alemán. Su FP- dual fue pionera en el mundo, hoy faltan aprendices y oficios en sectores punteros inexistentes en IA, digitalización, robótica y automatismo. De ahí que casi el 50% de todas las empresas padezcan falta de mano de obra cualificada para los próximos años.

6) Sus infraestructuras según voces críticas están en ruinas y no logran seguir el ritmo de las reparaciones. Autobahnen, puentes, túneles y obra civil requieren un desembolso histórico que no atienden por el disparo de la deuda pública (tanto a escala comunal, regional como federal)

7) Sus ferrocarriles fueron motivo de orgullo en el pasado para todo el mundo. Hoy sus trenes circulan como en algún país de los BRICS, con retrasos como nuevo estándar de forma similar a sus aeropuertos. Hay estaciones y terminales donde el caos está al orden del día, la megafonía se acopla y solo se distingue la cacofonía de los avisos para malestar de multitud de viajeros atrapados patentando la degradación de los servicios.

8) Sus famosos ingenieros son excelentes en sus campos pero no en las tecnologías modernas y más vanguardistas. Lo vemos en su industria automotriz, química, sidero-metalurgia, financiera o bienes de equipo que han sustituido el antiguo sello de calidad teutón por el “Made in China” debido al encarecimiento de suministros y la presión asiática, con una pérdida de competitividad promedio de casi el 45% según el instituto IFO. Hay ramos que padecen el quinto año en negativo.

9) Esos sectores punteros en otros tiempos y en actual riesgo de desaparición evidencian las consecuencias de la “siesta alemana” durante decenios, por falta de innovación y la verdad sea dicha, por culpa de cada vez más yugos legislativos, burocráticos y directivas europeas. Los despidos masivos están al orden del día y para contraer la desindustrialización y evitar el cierre patronal pretenden volver a la jornada de 40 horas/semanales sin mejoras salariales. De ahí el anuncio reciente de Merz: “Debemos desregular todos los sectores. Necesitamos revisar sistemáticamente toda la legislación vigente de la UE”. (Nada nuevo bajo el sol, como ya anunciaron Draghi y Toni Blair hace más de 2 años en distintos informes estratégicos para la UE que han sido ignorados por completo).

10) Y falta hace. Mientras media Europa paga con el móvil los tenderos alemanes se resisten a conservar el efectivo por desconfianza en las nuevas tecnologías. La digitalización de la economía deja mucho que desear y en pequeños y grandes balones demográficos es común la conexión wifi aún con RDSI y ADSL a base de cables de cobre. Las conexiones de TV por cable experimenta cortes ocasionales. Una simple transferencia bancaria online es inimaginable sin conectar un molesto periférico de obligado uso al PC para evitar el hackeo. Abrir una cuenta corriente en una entidad bancaria requiere un tortuoso ejercicio de “Vídeo-Legitimación“ más propio de la Stasi o para reos del FBI con orden cursada de captura y arresto.

11) Alemania carece de materias primas y fuentes de energía. Y las pocas centrales nucleares que tenían fueron cerradas en tiempos de Merkel lamentando depender de terceros ahora. No aprendieron de la dependencia del gas de Rusia que ahora dependen de las baterías, microchips y commodities de China y del resto de Asia.

12) Un tribunal de tercera categoría en el estado federal de Schleswig-Holstein se negó en 2018 a extraditar al golpista catalán Puigdemont haciendo caso omiso de la legislación europea de las Euro-Órdenes cursada por el más alto tribunal de la justicia española. Alemania demostró ahí el verdadero europeísmo de un socio de primera y la legitimidad de la “Casa Europea” como acostumbraban denominar Mitterrand y Kohl. Putin no oficializó ningún comentario pero debió de carcajearse por la invalidez del espacio judicial europeo.

Merz se enfrenta en el partido a su continuidad

13) Hubo un tiempo que el eje París-Berlín tiró de la locomotora europea. Hoy la economía está gripada y las cacofonías con tantas voces divergentes en el seno de la UE de von der Leyen hacen cada vez más difícil el consenso en cualquiera de los frentes abiertos.

Tampoco contribuye que otro socio como España genere tensiones con aliados europeos, atlantistas y haga amistades con dictaduras en medio mundo de dudosa fiabilidad. Ciertos decretos de Pedro Sánchez como las regularizaciones y nacionalizaciones masivas, las listas de periodistas, la Ley de Nietos y la gestión de la invasión de Ceuta que se interpreta como resultado de un “efecto llamada”, afectan negativamente a la reputación europea de la que se mofan Putin, Trump, el líder chino Xi Jinping y hasta el rey de Marruecos, Mohamed VI. 

Mientras Sánchez se encarga de negar la españolidad y el europeísmo de Ceuta, von der Leyen reitera que Ceuta es España y pertenece a Europa e insta al gobierno español a actuar con decisión. Lo que no hace Moncloa se atreve Berlín para mitigar el auge de AfD: el ejecutivo alemán (formado en gran coalición con el SPD) cuestiona la enorme financiación que recibe Marruecos por su falso control de la inmigración.

14) Pese a las pésimas perspectivas de votos, es bastante improbable que al canciller Merz se le ocurra recurrir a triquiñuelas electorales como las que conocemos en España para inflar el censo y mitigar el ascenso de otras formaciones ultra-conservadoras. A nadie con juicio en Berlín se le pasaría por la cabeza conceder la nacionalidad alemana sin debate previo en el Bundestag a los descendientes de los 6 millones de judíos exterminados en el Holocausto dispersos hoy por todo el globo.

Ante tan desolador panorama, por primera vez parece que Alemania es el problema aunque no el único y Europa asiste recomponiendo el espejo como puede. Putin, como buen autócrata, se frota las manos, practica hazañas híbridas, guerrea contra Occidente y contra antiguas repúblicas soviéticas para recuperar el Imperio, mientras se pitorrea de las 28.000 medidas sancionadoras internacionales impuestas que no sancionan por la invasión rusa en Ucrania hace 4 años y que le ha valido erigirse en el país con más sanciones del mundo.

En Berlín, tantos frentes abiertos (la economía alemana, Ucrania, la guerra Irán, migración, el asqueo de los votantes, China, el desconcierto en Europa, la presión geopolítica de Trump, etc) abruman al estresado canciller Merz cuyas encuestas le sitúan en mínimos históricos mientras proliferan los rumores entre las filas de sus propios socios de partido (CDU/CSU) para deponerle del cargo. Las mismas juventudes democristianas confiesan abiertamente que Merz es ya un problema para el partido y que con él al frente “va a ser difícil que gane elecciones”. No es precisamente el panorama que necesita Alemania en una etapa que parece que Putin necesita la guerra contra Europa para sobrevivir.