Sr. Director:
El catedrático de teología alemán Oliver Wintzek ha publicado un artículo en la web oficiosa de la conferencia episcopal alemana, katolische.de, en el que trata de explicar que "el credo islámico no es tan diferente después de todo" del credo cristiano. Para ello recuerda que San Juan Damasceno, que vivió bajo dominio islámico, no clasificó el islam como una nueva religión mundial, sino que lo consideró como "una herejía cristiana"
Wintzek no menciona que San Juan Damasceno solía referirse al islam como "la superstición de los ismaelitas" y a los musulmanes los llamaba "mutiladores de Dios" por haber deformado la verdadera religión y consideraba a Mahoma un falso profeta y al Corán un libro ridículo y lleno de necedades.
Wintzek afirma que el islam es simplemente "una forma alternativa del cristianismo bizantino que aboga por una interpretación independiente de la figura de Jesús, hijo de María"
Ciertamente, la expresión "Jesús, hijo de María" aparece unas cien veces en el Corán, pero nunca aparece la expresión "Jesús, el Hijo de Dios, el Unigénito del Padre eterno"
El profesor Wintzek es sacerdote, profesor de teología en una universidad católica y articulista habitual del sitio web de los obispos alemanes, además de colaborar como sacerdote en la parroquia de los jesuitas de Mannheim.
Recordemos que la religión musulmana establece como premisa fundamental para sus creyentes que "no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta" (Corán 3, 18 y 48, 29)
El islam fue fundado en el año 631 por Mahoma (570 - 632 después de Cristo), líder religioso, social y político árabe.
Esta religión enseña que Dios es misericordioso, todopoderoso y único y ha guiado a la humanidad a través de profetas, escrituras reveladas y signos naturales.
Mahoma enseñó que el Corán es la palabra textual de Dios y que el fiel musulmán debe también obedecer las enseñanzas y prácticas que aparecen en los relatos tradicionales de Mahoma.
Los eruditos islámicos definen al islam como la sumisión a Dios a través del monoteísmo, la obediencia y el abandono de la idolatría, es decir, la versión completa y universal de una fe primordial que fue revelada muchas veces antes a través de profetas como Adán, Abrahán, Moisés y Jesús. Ahora bien, el último profeta enviado por Dios al mundo fue Mahoma, sello de la Profecía: así lo creen los musulmanes.
Esta religión enseña también que habrá un juicio final en el que los justos serán recompensados en el paraíso y los injustos castigados en el infierno.
Las prácticas religiosas o cinco pilares del islam son los preceptos fundamentales de esta religión, obligatorios para todos los musulmanes, según la concepción suní. Estos pilares son: la profesión de fe, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación a la Meca durante el último mes del calendario islámico para realizar una serie de ritos, entre ellos las siete circunvalaciones a la Kaaba.
La yihad, considerada el sexto pilar del islam, es una palabra que significa esfuerzo, lucha en el camino de Dios.
Existen dos tipos de yihad: la menor y la mayor.
La menor consiste en la defensa ante el ataque del enemigo, y la mayor es la lucha contra nuestro ego, nuestros defectos y bajas pasiones.
La defensa de esta religión, de los musulmanes o de sus países frente al enemigo externo puede efectivamente adquirir el carácter de lucha militar o guerra santa, y así lo leemos en el Corán, donde se anima a combatir contra los infieles si el islam es atacado:
"Dios no ama a los agresores. Mátalos donde los encuentres, expúlsalos de donde te expulsaron. La persecución de los creyentes es peor que el homicidio: no los combatas junto a la mezquita sagrada hasta que te hayan combatido en ella. Si te combaten, mátalos: ésa es la recompensa de los infieles. Si dejan de atacarte, Dios será indulgente, misericordioso"
La verdad es que me resulta imposible concebir cómo un sacerdote católico puede enseñar tales cosas y peor todavía si es en una universidad católica.
Que ningún cristiano se deje embaucar por falsas doctrinas, falsas religiones, falsas presentaciones de Dios o de Cristo, falsas enseñanzas al respecto de la fe y de la moral.
Que los cristianos sepamos dar un buen testimonio de nuestra fe y de nuestra esperanza en Jesucristo, el Hijo del Dios vivo, el Hijo de la Virgen María, el único Salvador de la humanidad.
Digamos al Señor con San Pedro: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo"
Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre si no es por Él y con la gracia del Espíritu Santo, que nos ayuda a creer todo lo que la Iglesia enseña para nuestra felicidad temporal y eterna.
En este año en que celebramos el 800 aniversario del tránsito de San Francisco de Asís, conviene recordar que en agosto de 1219, este santo universal desembarcó en Egipto. Las tropas de la quinta cruzada estaban estacionadas a los pies de la ciudad de Damieta, ferozmente defendida por el ejército del sultán Malik Al-Kamil, que había acampado a sus puertas.
El obispo de San Juan de Acre, Jacques de Vitry, escribió:
"Ardiendo en el celo de la fe, Francisco no tuvo miedo de entrar solo en el campamento de nuestros enemigos. Predicó a los sarracenos durante unos días sin éxito" Sin embargo, el sultán le pidió en secreto que rezara por él para que Dios le dijera qué religión debía abrazar.
Por otra fuente sabemos que dos clérigos que estaban en el ejército de Damieta pidieron permiso al legado papal para ir a predicar al sultán. Llevados por los guardias de éste, fueron interrogados sobre sus intenciones. Se supone que uno de estos clérigos era el diácono Francisco de Asís. Y dijeron al sultán: "Si quieres creernos, conduciremos tu alma a Dios, porque en verdad te decimos que si mueres en esta religión en la que estás (el islam), estás perdido y Dios no tendrá tu alma"
El mismo San Francisco escribió a los hermanos que quisieran ir entre los sarracenos y otros infieles: "Someteos a toda criatura por amor a Dios y confesad que sois cristianos. Cuando veáis que sea agradable a Dios, proclamad la Palabra de Dios para que los incrédulos crean en Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y se bauticen y hagan cristianos" (Primera Regla, cap. 16)
En la declaración conciliar "Nostra aetate" de 28 de octubre de 1965 se habla de la religión del islam y se anima a los cristianos a procurar y promover unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres (Cfr. NA, 3)