La prevención no va con nosotros. Ni en salud pública, ni en materia forestal para evitar incendios o inundaciones en riberas ni en política o diplomacia migratoria. Preferimos actuar cuando estalla la emergencia. Luego todo son nervios, víctimas, desgracias y millones de dinero tirados por el barranco, que no evitan las negligencias que nadie se asume.
Cuántas patologías y enfermedades estamos tratando con terapias carísimas al erario público porque hemos negado la profilaxis y los diagnósticos preventivos. Tratamos los síntomas, pero negamos la prevención. Se calcula que por cada euro en sanidad dedicado al diagnóstico precoz (cribados), nos ahorraríamos 25 en tratamientos clínicos. Hagan la cuenta si es un dinero tirado a la basura. Solo el 4% del presupuesto sanitario en España es preventivo, por debajo de la media europea (6%).
El cortoplacismo nos domina por doquier, también en organizaciones corporativas. Hay CEOS que se obsesionan por cumplir los resultados trimestrales para presentar sus cuentas a sus accionistas por exigencias de las autoridades regulatorias (CNMV) mientras se olvidan de la viabilidad del negocio a largo plazo, adivinar tendencias y prevenir los desvíos del futuro. Y hay también muchos políticos, más de los que nos merecemos, que actúan igual de espaldas al largo plazo y a menudo en contra de los intereses colectivos. En un mandato de 4 años, se esfuerzan en el primero, se echan la siesta en el segundo y tercer año, y vuelven a despertar en el cuarto porque hay cita con las urnas y hay que procurar mantenerse en el poder. Y si al final los votos no dan, que les zurzan y asuman la herencia los que vengan detrás.
Solo el 4% del presupuesto sanitario en España es preventivo, por debajo de la media europea (6%)
En el caso de los incendios, sin cansarnos de justificar que obedecen al cambio climático, hay unos datos tozudos: Entre los años 2009 y 2022, el presupuesto conjunto destinado por las administraciones públicas a la prevención de incendios forestales se redujo drásticamente en un 51%. Se calcula que de esa partida global, el 80% se dedica a la extinción y el resto a labores de limpieza ¿Dónde está la prevención?
El gran apagón, con la apuesta masiva por las renovables, causó víctimas humanas porque nos negamos a prevenir una sobresaturación de las redes eléctricas. El próximo blackout como la próxima pandemia son casi seguras y dudo que hayamos aprendido la lección de las causas opacas como tras el Covid con más de 130.000 fallecidos sin dimisiones, protocolos médicos y stockaje de epis de todo tipo. Preferimos despilfarrar en activos improductivos de lo más variopinto que anticiparnos a las desgracias humanas y materiales.
Aparte del desinterés en mantener limpias las rieras y canalizaciones de agua en las inundaciones que provocan vidas humanas como las ya conocidas en las DANAS, tenemos además el desastroso estado de las acometidas. Se calcula que España pierde entre un 16% y un 20% de toda el agua potable que se bombea debido a fugas, averías y roturas antes de llegar a los hogares. En plena crisis de sequía y estrés hídrico este derroche nunca se cobra ninguna responsabilidad. Como tampoco que España sea uno de los países con mayor despilfarro de agua potable de Europa en su red de canalizaciones subterráneas. Por si no fuera poco, expertos en la materia denuncian adicionalmente el progresivo deterioro de numerosas presas e infraestructuras hidráulicas como consecuencia de las insuficientes inversiones del gran super Ministerio de Infraestructuras.
Tanto que nos encanta hablar del buen estado de los trenes e infraestructuras, España arrastra según la SEOPAN un déficit en conservación y mantenimiento de infraestructuras hidráulicas, viarias y ferroviarias de 127.000 millones euros, lo que unido a nuevas infraestructuras necesarias y la adaptación de las existentes, el total inversor ascendería a 407.000 millones euros hasta el 2035.
Se calcula que España pierde entre un 16% y un 20% de toda el agua potable que se bombea debido a fugas, averías y roturas antes de llegar a los hogares
El 52% de las carreteras españolas presenta deficiencias graves o muy graves que provocan accidentes y víctimas. España cuenta con la red de autopistas más extensa de Europa, pero registra el mayor déficit de inversión en conservación vial de la UE. Tampoco contamos con un inventario nacional digitalizado del estado de los puentes y túneles de la red viaria española que permita un mantenimiento predictivo. Con la red más elevada de trenes de alta velocidad, la inversión en mantenimiento ferroviario en España se sitúa en torno al 50 % de la media europea, según la Comisión Europea. El accidente de Adamuz que aún está fresco en la memoria es derivado del mantenimiento inadecuado que ninguna autoridad se ha responsabilizado a pesar de las 46 muertes provocadas.
Los asaltos e invasiones de Ceuta, Melilla, la mafia de cayucos hasta las costas Canarias o el narcotrafico en Barbate no impiden que gastemos en Marruecos más de 17.000 millones de euros para tener contento al rey y virrey alauitas, aunque racaneemos en medidas de seguridad y en la defensa de nuestras fronteras territoriales contra la entrada ilegal de bárbaros bereberes amnistiados de las cárceles marroquíes.
Nos negamos a cumplir con los compromisos de defensa de la OTAN, pero reclamamos solidaridad de los socios de la Alianza cuando invaden nuestro territorio. O mejor aún, mandamos patrullar la flotilla a Gaza con navíos de la Armada española pero nos resistimos a vigilar las fronteras por tierra, mar y aire en Ceuta con el Ejército pese a las alertas de invasión marroquí. El CNI está para advertir de amenazas extranjeras contra España, menos en esta ocasión que no supieron nada presuntamente según Interior del asalto de millares de jóvenes por acción y gracia de influencers en redes sociales.
El 52 % de las carreteras españolas presenta deficiencias graves o muy graves que provocan accidentes y víctimas. España cuenta con la red de autopistas más extensa de Europa, pero registra el mayor déficit de inversión en conservación vial de la UE
Somos tan estupendos con la prevención e independencia energética que preferimos prohibir las prospecciones petrolíferas en territorio español, las centrales nucleares, el fracking y la explotación de minas y tierras raras antes que depender del gas y petróleo ruso, argelino, venezolano y americano pagando un precio mucho más elevado y desobedeciendo hasta ciertas sanciones internacionales con algunos de ellos.
En medio de la fiebre por las renovables, estamos arrancando viñedos y olivos para plantar huertas y parques solares en el campo que seguro nos llenarán los manteles de comida. Tanto aplaudir la transición ecológica y la descarbonización, pero no nos cansamos de talar árboles en las ciudades y dejamos sin reforestar los montes quemados para compensar las emisiones de CO2 . Los que abusan del Falcon son los mismos que se llenan la boca de prohibir los vuelos de menos de 2 horas de duración.
Los ciberataques y las guerras híbridas irán a más como muchos expertos vaticinan, afectando no sólo a grandes corporaciones sino sobre todo al 60% de las pymes por falta de recursos preventivos. Somos el tercer país de la UE con mayor número de ataques cibernéticos. Se calcula que padecemos un déficit de 30.000 especialistas informáticos sin cubrir para atajar problemas de ciberseguridad y sin trasponer ciertas directivas europeas. Sacar pecho por la creación de empleo de camareros y puestos en el turismo contrasta con lo que realmente España necesita tanto en la industria y servicios como por razones de seguridad nacional, ahora que las invasiones enemigas sobre territorio nacional con las guerras híbridas vuelven a estar al orden del día.
Con todo ello, hemos de admitir que un buen número de desgracias hay que atribuirlas a decisiones erróneas, falta de decisiones o al fallo humano que se encubren por hipocresía política. Las inversiones en vez de dirigirse a activos concretos parecen dedicarse en gran cantidad de dudosos destinos. Nos encanta hacer inauguraciones de lo nuevo, pero ignoramos lo antiguo. Hacer planes de futuro parece que tampoco va con nosotros, por eso la prevención es un déficit en el factor humano. Hay quejas de falta de recursos, pero lo que nos falta en verdad es marcar prioridades con cierta planificación y atajar los desvíos opacos de unos sinvergüenzas.











