Lleva muchos años viviendo en España pero nació y pasó todos su periodo infantil y juvenil en un país comunista. Y entonces me suelta esto: "Eulogio, a vosotros, a los españoles, los comunistas os engañan. Pero a mí no, porque yo los he sufrido".
Vencido el año 2025, el Tribunal Constitucional polaco ordenó la disolución del Partido Comunista de aquel país. Es decir, la prohibición del mismo partido que está en el poder en España desde que Sánchez subió al poder.
A ver si el hombre procedente del comunismo va a tener razón.
Si reparamos en el siguiente cuadro hay que concluir que los únicos países que no tienen reparo en prohibir de raíz el comunismo es aquellos que han sufrido el comunismo. ¿Por qué será?
Aquí, en España, sin embargo, a los comunistas les tenemos en el Gobierno, gobierno progresista de coalición. El Partido Comunista de España (PCE), con una lista histórica de asesinatos y de asesinos a sus espaldas -que son los mismos que ahora dan lecciones de moral- se diluyó en Izquierda Unida, luego en Podemos, luego en Sumar, luego en no sé qué... pero todo es comunismo.
Pero esto no es lo grave, lo grave es que los comunistas se han ido de rositas por la historia.
La cosa no acaba aquí, porque, encima, ocho años de Sanchismo han servido para imprimir a fuego el adjetivo 'ultra' en el debate público, nudo de todos los males... y resulta que los ultras son todos de derechas, de izquierda no queda ninguno. El Comunismo ya no es de extrema izquierda, es progresista. Y el ultra, compendio de todos los males, es aquel que no piensa como yo, especialmente si es católico: ¡ése es el más ultra de todos y debe ser liquidado! Por ahora, sólo socialmente liquidados. Luego, ya veremos.