Adriana Ugarte (en la imagen) se ha vestido de novia para promocionar una firma de moda nupcial. Muchos contratos publicitarios le llegarán a Ugarte, ya  que la serie El Tiempo entre Costuras ha logrado el minuto de oro con 5.889.000 espectadores. Un 30,7% de la cuota de pantalla vio a Sira (Adriana Ugarte) cruzar la frontera hispano-marroquí vestida de musulmana y cargada con armas de contrabando adosadas a su cuerpo.

Además, este serial ha ocupado el primer puesto del ranking publicado por el semanario "Teleprograma" del 11 al 17 de noviembre con una cuota de pantalla del 26,9% y 5.183.000 espectadores. Un auténtico record que está posicionando a esta serie entre las más cotizadas. En breve vendrá la compra de los derechos de autor para emitirla en todo el mundo.

El programa comienza con una escena de Sira, una de niña que aprende de su madre las artes de la costura. Crece y aprende el oficio. Tiene novio y se piensa casar. Él ha sacado una oposición y anima a Sira para que haga lo mismo. Visitan una tienda para adquirir una máquina de escribir. El gerente enamora a Sira que se despide de su madre y se marcha a Tánger con Ramiro, su nuevo novio.

En Marruecos, Sira queda embarazada y es abandonada por Ramiro que le roba el dinero y las joyas. Y se marcha al extranjero. Sira se implica con el tráfico de armas para sobrevivir y a partir de ese momento le viene un terrible sufrimiento que tiene que sobrellevar.

Sira no conoció a su padre hasta que éste sufre un revés empresarial y le entrega a su hija un cofre lleno de joyas y 50.000 pesetas. La guerra civil española le ha complicado la vida como empresario.

El comisario le retiene a Sira el pasaporte y no puede salir de Marruecos. Sira, por fin, se establece como costurera en Tetuán e intenta traer consigo a su madre. Cuando visita al comisario para pedirle el pasaporte la conversación entre los agentes de policía es vulgar y obscena. Comentarios groseros y sin respeto a la dignidad humana.

Sira se asusta ya que le ha llegado la noticia de que Ramiro, su novio, ha vuelto a Tetuán.

Clemente Ferrer

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