"Cuando el vicepresidente y la mayoría de los principales funcionarios de los departamentos ejecutivos o de cualquier otro cuerpo que el Congreso autorizara por ley trasmitieran al presidente pro tempore del Senado y al presidente de la Cámara de Representantes su declaración escrita de que el presidente está imposibilitado para ejercer los poderes y obligaciones de su cargo, el vicepresidente inmediatamente asumirá los poderes y obligaciones del cargo como presidente en funciones". Este es el texto literal de la sección 4 de la 25.ª enmienda de Estados Unidos, la cual la progresía ha usado contra el presidente, Donald Trump.

Cuando ningún ataque funciona, el mejor ataque es el que incluye algo de verdad o que suene a ello para el público en general, y eso exactamente es lo que están intentando con el republicano. Tras una salvaje operación de desprestigio durante la campaña electoral, en la que incluso atentaron contra su vida, Trump ha demostrado que le importan bastante poco las críticas o todo lo que puedan decir de él.

Lo involucraron en la farsa del russiagate, han intentado hacer ver que era el mayor amigo de Jeffrey Epstein e incluso han manipulado discursos para que pareciera que llamaba a la violencia. Nada de esto ha podido con Trump. 

En plena desesperación,  la progresía mediática ha tirado de una estrategia ya usada por el propio Trump: atacar por su estado mental. La elección de tópico no es baladí, en Hispanidad hemos referido varias veces que uno de los problemas del republicano es que es un bravucón, al que efectivamente, si no eres seguidor o no omites la manipulación, puedes dar por loco por muchas de las cosas que dice o hace. 

Pero los demócratas no han sido nada originales. Fue Trump el que pidió en varias ocasiones usar la baza de la sección 4 de la 25.ª enmienda para inhabilitar al expresidente Joe Biden. Pero claro, las diferencias son notables. Las dudas acerca de la capacidad mental de Biden se plantearon desde la propia campaña presidencial de 2020 y su estado real sigue siendo una incógnita, con episodios durante su presidencia que se convirtieron en habituales en los que el presidente perdía el hilo en los discursos, no era capaz de reconocer a miembros de su propio ejecutivo o incluso directamente se perdía en escenarios o en la Casa Blanca. Incluso el fiscal especial Robert Hur de 2024 concluyó que Biden tenía "mala memoria" en un informe, lo que hizo que se dinamitara su campaña electoral. 

Lo que Trump propuso en su día y ahora copian los demócratas contra él es un escenario en el que el presidente no presenta dicha declaración de incapacidad de forma voluntaria. La iniciativa corre a cargo del vicepresidente que junto con la mayoría de los miembros del gabinete o de otras instancias que autorice el Congreso deben presentar una declaración escrita de que el presidente está imposibilitado para el ejercicio de su cargo, de nuevo al presidente de la Cámara de Representantes y al presidente pro tempore del Senado. En este caso, el vicepresidente asume la presidencia en funciones. No obstante, el presidente depuesto puede “contraatacar” emitiendo una contradeclaración que indique que está plenamente capacitado para el ejercicio del cargo, escenario en el cual el presidente recupera la presidencia a menos que los impulsores de la iniciativa antes descritos transmitieran, en el término de cuatro días, al presidente pro tempore del Senado y al presidente de la Cámara de Representantes su declaración escrita de que el presidente está imposibilitado para ejercer los derechos y deberes de su cargo. En este escenario, las Cámaras tienen la última palabra para dirimir el conflicto. Debe someterse la iniciativa a votación, y si dos terceras partes del Congreso y Senado confirman que el presidente está imposibilitado para ejercer el cargo, el vicepresidente continuará ejerciendo la presidencia en funciones. En caso contrario, el presidente asumirá de nuevo sus funciones.

Y aquí volvemos a encontrar una diferencia notable, si bien Kamala Harris no sentía ningún aprecio por Biden y estaba deseando hacerse con su puesto, en el caso de JD Vance y Trump la cosa cambia, y la lealtad del bestseller parece inquebrantable. 

En cualquier caso, ¿Trump está loco? No, es simplemente un bravucón que pude sonar a loco. Y dos, ¿su equipo activaría la enmienda? En ningún caso, Trump cuenta con el apoyo del vicepresidente JD Vance, su gabinete y la mayoría de los republicanos en el Congreso.