Barcelona, la jornada del Papa comenzó en el presidio de Can Brians, con las reclusas manifestando su soledad. Fue un apéndice de la vigilia de oración en Montjuic.

Luego vino Montserrat. Muchos católicos de toda España temían esa visita, por dos razones: Montserrat se ha convertido en uno de los centros del nacionalismo catalán y, encima, ese montaje que es el movimiento víctimas que, como dijo uno de sus más malencarados representantes habla del Santuario de Montserrat como el kilómetro cero de la pedofilia clerical. Es verdad que en principio León XIV cayó en la trampa, de dar pábulo a quienes las víctimas les importan un pimiento y sólo quieren utilizar la pederastia, realmente nauseabunda, para golpear a la Iglesia, pero es que, después de tan exageraciones de mucha acusaciones injustas y casos inventados, el asunto, no da más de sí.

Y luego está el espíritu práctico, realmente norteamericano, de León XIV. Visita Montserrat y habla de la Madre de Dios, que es de lo que hay que hablar pero, ojo, plantea un programa cuyo punto central consistió, no en hablar, sino en rezar el Santo Rosario. 

 

 

Por cierto, esto de que el Papa León obligue a RTVE a retransmitir el rezo del Santo Rosario en el Monasterio de Montserrat... es que me encantó. 

 

 

Verán: la idea de diversión de la sociedad moderna estriba en el cambio permanente. El Santo Rosario, el arma más poderosa del católico, según, por ejemplo, el Padre Pío, supone justamente lo contrario, una repetición continúa y no por ello menos interesante.

El Papa, recupera para España dos armas poderosas y olvidadas: la adoración al Santísimo, en el Paseo de la Castellana, vigilia del sábado 6, por la tarde y, el Rosario.

Dos devociones, Adoración y Rosario, poco 'divertidas' pero León XIV ha conseguido con ambas -procesión del Corpus incluida que no deja de ser otra forma de adoración-, dos grandes victorias.

Y claro, en Moncloa cunde la preocupación: León XIV se les ha ido de las manos. La pederastia ya no puede estirarse más para golpear a la Iglesias y cada vez son menos los entusiastas del absurdo de una Iglesia onegera. La acusación de pederastia ha sido tan exagerada que hasta los más fervientes anticlericales se empiezan a extrañar y la Iglesia onegera ya no convence a nadie porque no consuela a nadie.

Sí, Moncloa parecía haber manipulado al Papa hasta convertirle en "uno de los nuestros". Ahora no lo tiene tanto claro,... gracias a la Adoración al Santísimo y al santo Rosario.