Los ceses duros protagonizados por Santiago Abascal han convertido la disidencia del pasado en crisis presente: Vox se rompe.

Momento aprovechado por el saliente Iván Espinosa de los Monteros, ex portavoz oficial del partido en el Congreso de los Diputados, para intentar crear un nuevo partido, ya no fundación, una tercera vía, con el objetivo de alcanzar el millón de votos que según él, se pueden conseguir entre PP y Vox. 

¿Y esto es bueno para la matemática electoral antiSánchez? Nunca se sabe pero en principio, no, no es bueno. El partido del amigo Iván beneficiaría a la izquierda. 

La última encuesta está empezando a marcar tendencia: Vox, el gran triunfador de la demoscopia durante los últimos seis meses, empieza a resentirse. 

Vox sigue oscilando entre su alma azul y su alma cristiana. Su alma nacionalista, capta votos a la hora de tratar asuntos como la inmigración pero los pierde cuando muchos votantes, hartos del Partido Popular, una socialdemocracia de derechas, y un pura derecha pagana, contemplan que Vox critica mucho pero aporta poco. Demuestra la estafa de Sánchez, pero no aporta demasiadas alternativas. 

Mientras, el PP intenta evitarlo... fichando a Espinosa de los Monteros. Lo peor: que el alma azul de Vox ceda ante su alma cristiana.

Antes de entrar en el meollo de la cuestión, conviene combatir el tópico: Vox nunca ha sido un partido ultra: lo que ha sido es un partido político cristiano, el único en España- y nacionalista. Me gusta más por lo primero que por lo segundo, pero el caso es que ahora mismo no está claro lo que es. 

Tampoco aporta mucho la actitud personal de Santiago Abascal. Hasta ahora no importaba que Abascal no tuviera un gran bagaje intelectual porque lo compensaba con su imagen de nobleza. Sin embargo, ahora se ha empeñado en cesar a sus principales colaboradores y al electorado español no le gustan las divisiones internas en los partidos. 

Y cuidado, porque si Vox cae la única, y no muy diáfana, esperanza que los principios cristiano especialmente, derecho a la vida, defensa de la familia natural y libertad de enseñanza. Esto es lo grave. 

Abascal debería reaccionar y librarse de las malas compañías que le rodean, casi todas ellas paralelas a la estructura del propio partido. Debería prescindir de ellas.