Me lo dice un importante banquero español, ya retirado: los españoles "tenemos un Rey controlado por su mujer", la reina consorte, doña Letizia, cada día más progresista, aunque ya no republicana: no se vive mal en Zarzuela. 

Una reina consorte, no jefe del Estado, eso es su esposo, que, encima, ha dirigido y está dirigiendo la educación de la futura reina de España, la Princesa Leonor, mucho más pendientes de las moderneces maternas que de las enseñanzas paternas. 

Vamos, que SM Felipe VI está controlado y dominado por su esposa, doña Letizia, un proceso que se acentuó con la marcha al exilio de Juan Carlos I, a quien doña Letizia sí temía... y que ha dado en la rendición moral e intelectual del Rey de España ante la Reina consorte de España.

Tres etapas. El Rey de España ya es abortero, ha abandonado la Hispanidad para formar parte de la leyenda negra anglosajona y, lo más importante, convierte su fe cristiana en una pose onegera

Y todo ello justo ahora, en el momento en el que España necesita, como nunca antes, de un jefe del Estado activo, que, por ejemplo, promueva la dimisión, de grado o por fuerza, del presidente del Gobierno, pues si son discutibles los poderes que la Constitución le otorga para ello en poder, en autoridad, Felipe VI podría forzar la dimisión de un Gobierno acosado por la corrupción.   

De entrada, porque Felipe VI no sólo ha hecho dejación de funciones, sobre todo al nominar a un Pedro Sánchez que iba a entronizarse -ahora ya no gobierna, sólo manda- y se entronizó gracias al apoyo de los separatistas... y la primera función del monarca es mantener la unidad de España. 

Bastaría con que Felipe VI, tras la imputación de Rodríguez Zapatero, se dirigiera a los españoles para llamar a las urnas ante la imposibilidad de mantener esta España irrespirable: no lo ha hecho ni lo hará.

No, lo peor es que el Rey ha hecho suya la enloquecida agenda de su esposa, una agenda ultra-progre y, durante el último año, anti-Trump, seguidora acrítica de las locuras de Pedro Sánchez y de su canciller, José Manuel Albares. 

Una política que no se conforma con desligar a Europa de Estados Unidos sino que se echa en manos de China, la principal tiranía del mundo, poco amiga de reyes y emperadores.

Ahora mismo, por concretar, tenemos a un Felipe VI abortero, que en la Asamblea General de Naciones Unidas destacó a España como, atención, un referente en salud reproductiva -o sea infanticidio-, que luego ha ubicado a nuestros país como ariete del cambio climático, que ha destrozado la economía occidental, o que ha hecho suyo el espantajo de los delitos de odio, la nueva forma de censura y pensamiento único de la progresía, o que, finalmente, ha adoptado la leyenda negra, la gran calumnia sobre la evangelización española de América y acudirá, como un toro pastueño, a rendir pleitesía a la peligrosa indigenista, rabiosamente antiespañola, Claudia Sheinbaum.

Y lo más importante y que lo subsume todo: por influencia de su esposa, Felipe VI ha convertido su fe católica en una pose onegera, que el Sanchismo aplaude con entusiasmo... y doña Letizia también. Tomar a la Iglesia por una ONG es mucho peor que destruir a la Iglesia. Lo primero puede conseguirse, lo segundo no.

Y en este momento, cuando Estados Unidos planta una orden de captura internacional nada menos que contra el ex presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero.

  

¿Podemos esperar que el Felipe VI de un paso al frente? No parece. Primero tendría que convencer a su esposa, la Reina Republicana. En Zarzuela manda Letizia.