• La abundancia de corrupción, es decir, de pecado, incrementa los gemidos de la naturaleza.
  • España está llamada a jugar un papel protagonista, en la purificación y en la Nueva Jerusalén.
La humanidad entera gime con dolores de parto hasta el momento presente. Es una idea paulina que muchos profetas de ahora mismo consideran de patente actualidad. No se me pongan nerviosos: profetas ha habido siempre y negar su existencia es negar una clave de la verdades de fe. Lo que hay que hacer es esforzarse por tener capacidad de discernimiento para distinguir a los falsos profetas de los verdaderos. Y la batalla final comenzará -aunque de hecho ya ha comenzado- con la abolición de la Eucaristía. Por ahora, nos movemos en el terreno de la profanación constante pero no oficial: la abominación de la desolación no parece haber llegado. Y sí, algunos de esos profetas apuntan a España como país clave en el parto de la Nueva Jerusalén. Esto no es como lo del cine norteamericano, que en cuanto aterriza una nave espacial va y lo hace sobre Nueva York pero es lo lógico en una sociedad como la española que ha sido protagonista de buena parte de la historia de la Iglesia, es decir, del mundo, y que ahora se ha convertido en tierra de traidores a Cristo. Precisamente de traidores, a los que Dante colocó en el último lugar del Averno. Y así, todo indica que en España habrá una renovación espiritual aunque precedida de una dolorosa purificación. Todo indica que ese proceso ya se ha iniciado pero no olviden el dato profético: los acontecimientos se precipitarán cuando la profanación eucarística se convierta en abolición. En cualquier caso, lo que está claro es que los gemidos de la naturaleza se incrementan día a día. Por cierto, en octubre comienza la segunda parte del Sínodo sobre la Familia. Lo digo por decir. Eulogio López eulogio@hispanidad.com