TAP Air Portugal, al igual que sus pujadores (los grupos Air France-KLM y Lufthansa), ha acusado el encarecimiento del combustible en el primer semestre. Y es ha que ha tenido unas pérdidas de 99,2 millones de euros, pese a récord de ingresos y pasajeros.

Sin duda, no es un buen resultado... y menos dentro del proceso de venta que vive desde hace meses. Recuerden que se fundó en 1945 como Transportes Aéreos Portugueses, pasó a manos privadas en 1953 y después fue nacionalizada en 1975, pasando a manos de la República Portuguesa. Cuatro años después, cambió de imagen y nombre, pasando a ser TAP Air Portugal, y en 1991 se transformó en una sociedad anónima con capital mayoritariamente público. Desde hace un tiempo, el Gobierno luso quiere privatizarla en un 44,9%, reservar otro 5% inicialmente entre los empleados de la aerolínea y conservando el 50,1% restante, por tanto, el control.

Precisamente, esto último llevó a que el holding aéreo IAG (dueño de British Airways, Iberia, Aer Lingus, Vueling y Level) se retirara de la puja el pasado abril. Algo que es un tanto curioso si se tiene en cuenta que es un grupo con bastantes sanchistas en sus filas, como el propio CEO, Luis Gallego, o el director corporativo de Iberia, Juan Cierco. Se trata de algunos de los miembros de la ‘smart people’, el grupo afín a Pedro Sánchez que pretendía sustituir a la ‘beatiful people’ del felipismo. Y ya saben que al Gobierno que lidera Sánchez le gusta ser intervencionista en las empresas, como saben bien en Telefónica o Indra, por ejemplo. Eso sí, afortunadamente, Gallego está imponiendo el ‘management’ español, como reflejó el ascenso de José Antonio Barrionuevo a director financiero de IAG, el primer español en dicho cargo desde junio de 2019. 

Volvamos a la aerolínea estatal portuguesa. Sus ingresos han alcanzado el récord de 2.039,8 millones de euros, lo que supone un incremento del 4,3%, tras la mayor capacidad (+1,7%), la fuerte demanda, el aumento de pasajeros (+4,2%, a 8,1 millones de personas) y una mayor ocupación (del 85,4%, un 3,4% más).

Por su parte, el resultado bruto de explotación (ebitda) ha bajado un 27%, hasta 170 millones. El resultado neto de explotación (ebit) ha empeorado, pasando de -9,1 millones a -95,6 millones. Y el resultado neto ha arrojado pérdidas de 99,2 millones, un 40,3% superiores a las de70,7 millones que registró hace un año, debido al aumento del 18,7% en los costes del combustible (en concreto, del queroseno) tras el estallido de la guerra de Irán el pasado 28 de febrero y el bloqueo del estrecho de Ormuz.

Esto último también ha afectado a sus pujadores, pues el grupo aéreo alemán Lufthansa ha cerrado el primer semestre con unos números rojos de 542 millones y el franco-neerlandés Air France-KLM lo ha hecho con unas pérdidas de 61 millones. Mientras que IAG logró terminar el semestre sin números rojos, aunque su beneficio bajó un 21% por el encarecimiento del combustible. Tanto Lufthansa como Air France-KLM siguen interesados en adquirir el 44,9% de TAP, que hace meses tenía una valoración de 700 millones, incluso en llegar al 49,9%, y se prevé que el Gobierno luso decida quien se lleva el gato al agua muy pronto, a principios del próximo septiembre. Además, TAP acaba de cambiar de director de Operaciones: José Eduardo Moreira ha asumido el cargo tras la dimisión de Mário Chaves.