Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, no parece haber hecho mucho caso a Donald Trump: ha subido el precio oficial del dinero en Estados Unidos un cuarto de punto, hasta el 4%.
Y es que la inflación escala en todo el mundo, especialmente por los precios de la energía, debido a cuestiones puntuales como la guerra de Irán.
Estamos de acuerdo, pero el problema a la inflación es global y mucho más peligroso. Nos enfrentamos a una inflación de oferta, es decir, que producimos poco y suben los precios. Las medidas monetarias sirven para poco, sobre todo desde que la cantidad de dinero en circulación no es la única 'fiducia' que circula por el mundo -piensen en las criptomonedas- y sobre todo porque la ecología lleva 30 años primando sobre la economía y ya van dos generaciones de Occidente dedicadas a 'no producir', no vayamos a dañar a nuestro querido hermano, el planeta.
Eso sí, subir los tipos detiene, un poco, a los políticos irresponsables que sobreviven gracias a la deuda pública. No está mal, pero recuerden que el déficit público no se subsana con más deuda, es más, se agrava. Es necesario reducir el gasto público y eso, en el Occidente de hoy supone, sí o sí, reducir el Estado del Bienestar, que es imposible de mantener en el tiempo, especialmente en una sociedad envejecida. Peor la europea que la norteamericana, pero mal las dos.
¿Servirá de algo que Europa y Estados Unidos suban los tipos? Para muy poco.