Navantia es propiedad al 100% de la SEPI (o sea, del Estado español), pero quizá podría convertirse en un punto de inflexión dentro de la política intervencionista de Pedro Sánchez en las empresas (algo que se ha visto, especialmente, en las privadas Indra y Telefónica). Y es que el presidente del astillero público español, Ricardo Domínguez, se ha mostrado partidario de que cada vez su propiedad se parezca más a la de Naval Group, que es “muy francesa, muy de gobierno francés”, pero también tiene “su parte privada importante”. O sea, quiere que se incorporen inversores privados.
Domínguez lleva al frente de Navantia desde abril de 2021, cuando Belén Gualda pasó de presidir el astillero público al holding público empresarial, es decir, a la SEPI. Este ingeniero agrónomo, nació en Madrid, estudió y empezó su trayectoria laboral y política en Andalucía. En concreto, fue: gerente de CEIA3, el Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario que conforman cinco universidades andaluzas (las de Almería, Cádiz, Córdoba, Huelva y Jaén), durante más de un año; viceconsejero dentro de la Consejería de Medioambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía y después, viceconsejero de la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, dedicando casi seis años a un cargo público en la Junta; de ahí, pasó a ser durante casi dos años el director gerente de Fundación Patrimonio Comunal Olivarero, la cual se dedica a promover cualquier iniciativa que favorezca al sector del aceite de oliva; y después se unió a Navantia.
Este lunes, en el encuentro Deusto Business Alumni, Domínguez se ha mostrado partidario de que el astillero no sólo tenga al Estado en su accionariado, sino también a inversores privados, y más en la actual etapa de crecimiento y de auge de los contratos de defensa y seguridad. De hecho, actualmente, está construyendo unos 23 barcos, de los que 16 o 17 son para la Armada Española. “Creo que debe seguir siendo una empresa pública pero creo, que igual que tenemos joint venture y tenemos alianzas de capital privado, en un futuro, -y posiblemente tampoco lo vea-, sí debería, podría haber una parte de salida, de free float de la compañía. Creo que sería bueno”, ha explicado, y considera que eso va a “tener que venir por su propia madurez”.
El presidente de Navantia ha señalado que debe surgir “realmente la colaboración naval europea, sin que haya perdedores”, con presencia de todos los actores del tablero y que “dejen valor añadido en todos los países”. Por ello, ha recordado el acuerdo con el grupo italiano de construcción naval Fincantieri, con el que creará una sociedad conjunta para el proyecto Corbeta de Patrulla Europea (EPC, por sus siglas en inglés).
También se ha mostrado partidario de que en el viejo continente se desarrolle “una capacidad defensiva articulada, organizada, coordinada, que ahora mismo todavía no tiene”, y más cuando se ha pasado de un entorno de estabilidad relativa a uno de “tensiones y competencia”, con “más conflictos por todo el planeta”. Por ello, ha defendido que Europa no puede depender de “terceros actores que están realmente en un conflicto continuo”. Algo que gustará en parte a EEUU, pues Donald Trump está cansado de defender a Europa. Eso sí, Domínguez no se ha atrevido a mojarse mucho respecto al gasto en defensa de España, destacando que ya ha aumentado hasta el 2% y que, “con ese porcentaje de forma sostenida, se podría tener esa capacidad de disuasión”. De hecho, ha referido que “llegar al 5%, la petición que da Trump no es más ni menos que enriquecer a nuestros compañeros de viaje, -como es Lockheed Martin y demás-, a empresas norteamericanas que son las que generan muchísimos bienes de defensa y que son las que recibirían muchísimo dinero”, por lo que prefiere mantener ese 2% e igual “un poquito” más, pero, al igual que Pedro Sánchez, opta por no llegar al 5% que pedían el presidente de EEUU, Donald Trump, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
El presidente de Navantia ha destacado que los Programas Especiales de Modernización (PEM) aprobados ascienden a 5.405 millones de euros, un importe equivalente al 75% de los pedidos recibidos en 2024 y “un punto de inflexión” porque “nos ha cambiado la cartera de pedidos” y les permitirán generar 12.000 empleos anuales. Hoy el astillero emplea a unas 5.500 personas en España entre Ferrol, Cádiz y Cartagena, y tiene más de 3.000 proveedores, pero le preocupa el talento en un contexto de incremento de contratación, donde algunos de sus retos son “llevar muchos programas simultáneamente, tener capacidad tecnológica o la integración de la cadena de suministro”. De hecho, en la Bahía de Cádiz le preocupa si el año que viene o el siguiente “vamos a tener capacidad para dar respuesta a todos los programas que se nos juntan allí” y también suponen un verdadero reto las fechas de entrega o el hecho de que países como India pidan localizar allí una parte de la producción, al tiempo que deben invertir en modernizar los astilleros para que sean más competitivos.
Y por si les faltara trabajo, Domínguez no descarta aportar en la lucha contra el narcotráfico, que en los últimos meses se ha cobrado más de cuatro vidas de guardias civiles y ha dejado varios heridos, provocando ya que algunas voces pidan que intervenga la Armada, a la que los narcos le acaban de robar tres lanchas. Entre las ideas de Domínguez, está la de impulsar “no el barco como tal, el barco podríamos coger a lo mejor la misma zodiac de alta velocidad que tienen los narcos, y montarlo en el sistema de vehículo no tripulado y poder ser realmente un elemento importante de disuasión”, ha añadido.













