En la Junta de Accionistas de Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF), celebrada el 13 de junio, se advirtió que “las compañías europeas nos encontramos cada vez más expuestas a la competencia desleal de actores estatales y fuertemente subvencionados de países terceros”, entre ellos, China, claro está. Así, lo refirió en su discurso, su CEO, Javier Martínez Ojinaga, quien pidió a Europa actuar a tiempo para que no se debilite la base industrial europea.
Entre otros aspectos, el primer ejecutivo de CAF apuntó a la reforma del marco europeo de contratación pública, y en su opinión, esta debería asegurar “condiciones equitativas de competencia” y garantizar “la seguridad industrial y la competencia tecnológica de la región”. También mostró su respaldo al manifiesto promovido hace meses por el vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea encargado de Prosperidad y estrategia industrial, el francés Stéphane Séjourné, reclamando “una política industrial europea más ambiciosa y eficaz”.
Teniendo en cuenta que “el mercado europeo de la movilidad, que es el principal mercado de CAF, sigue siendo el más grande y estratégico a nivel internacional”, Martínez Ojinaga señaló que “como empresa, no podemos limitarnos a esperar. Unas condiciones equitativas de competencia son imprescindibles, pero no garantizan por sí solas el éxito. Debemos anticiparnos y actuar proactivamente para responder a los retos y aprovechar las oportunidades”. En este sentido, defendió aspectos, como: “Ganar en visibilidad sobre los mercados, estando cerca de los clientes, y crecer en flexibilidad operativa, tanto en nuestra capacidad productiva como en los modelos de aprovisionamiento”; avanzar en una hoja de ruta integral y dinámica de innovación, que aproveche la tecnología, los datos y las herramientas digitales”; acelerar en el uso de la inteligencia artificial y la automatización para generar valor; y “evolucionar radicalmente en el corto plazo, a la vez que mantenemos en continuo la mirada en el largo plazo”. Además, defendió la armonización de las especificaciones técnicas en Europa y la estabilidad en la regulación ferroviaria para garantizar que “las normas y requisitos no estén sujetos a cambios frecuentes ni a interpretaciones divergentes según la jurisdicción”.
Martínez Ojinaga lleva en la silla de CEO desde el 1 de septiembre de 2021 y conoce bien el sector ferroviario al que principalmente se dedica CAF, aunque tras la compra de Solaris, su portfolio también incorpora autobuses. Su discurso no es baladí y menos cuando hace unas semanas, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, se ha quejado de retrasos en pedidos entre los fabricantes europeos ante la vicepresidenta europea al frente de una cartera rimbombante y de poco mando -Transición Limpia, Justa y Competitiva-, Teresa Ribera. Y ojo, porque hace meses, el ministro Puente viajó a China para visitar la compañía Changchun Railway Vehicles Co, filial de CRRC, la sociedad china que produce material rodante ferroviario en el país y que es el mayor fabricante de trenes del mundo. Dentro de la ‘gira’ por empresas ferroviarias, el titular de Transportes también visitó a Siemens en Alemania y una fábrica de la japonesa Hitachi (la cual fabrica, entre otros, el Iryo) en Italia... y todo ello porque buscaba castigar a Talgo por el retraso en las entregas de los trenes Avril a Renfe y por el cual el operador ferroviario puso una multa de 116 millones de euros a Talgo. Además, Puente también se decantaba por el vasco CAF, el francés Alstom o el suizo Stadler (estos dos últimos también tienen plantas en España) para los nuevos pedidos de trenes, pero desde que el Estado ha entrado en el accionariado de Talgo ha tenido que rebajar el nivel de castigo.
En la Junta de Accionistas de CAF, se aprobaron todos los acuerdos propuestos. Entre ellos, la reelección del presidente no ejecutivo, Andrés Arizkorreta; y el reparto de un dividendo de 1,52 euros por acción, un 14% superior.












