
La segunda carta de San Pablo a los corintios: los frutos del Espíritu Santo son "caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad". Buena cosecha.
El siglo XXI es el siglo de la blasfemia contra el Espíritu Santo, Y no estamos en el relativista siglo XX en el que 'nada era verdad ni mentira, todo depende del color del cristal donde se mira'. No, ahora sabemos cuál es la verdad, sólo que le llamamos mentira. En el siglo XXI vivimos entre demonios y entonces se produce la gran inversión moral: al bien le llamamos mal y al mal, bien... y nos quedamos tan anchos.
Y así llega, domingo 24 de mayo, la festividad dedicada al Espíritu Santo, el amor del Padre y el Hijo, la fuerza de Dios, la gracia que transforma al hombre en hombre.
Ahora bien, ahora mismo, ¿dónde están la fuerza y el poder de Dios? Cristo parece desaparecido del mundo. Pero no: Dios no ha fracasado, los que hemos fracasado somos nosotros.
Y luego está el misterio de la libertad del hombre, otro de los dones del Espíritu Santo. El misterio de la historia es que Dios no quiere robots, quiere hijos. Quiere que le ame quien también puede odiarle. No quiere subordinados, aunque lo seamos, quiere amigos.
Por eso el mundo va tan mal, por eso el mundo es formidable. El mundo va mal porque el hombre es libre, pero el hombre sería un animal sin su libertad. O peor: sería una piedra.
¡Viva la libertad!









