Algún amigo me dice que por qué insisto tanto en la blasfemia contra el Espíritu Santo si, además, la gente no sabe lo que es. Pues insisto porque el siglo XXI es el siglo de la Blasfemia contra el Espíritu Santo. Es decir, que, en 2026, llamamos mal al bien y bien al mal, verdad a la mentira y mentira a la verdad. No nos conformamos con hacer el mal o rechazarlo sino que queremos elevarlo a la condición de bien. Y encima impera el feísmo: hemos renunciado a la belleza, modificado el canon y exaltado el feísmo como corriente cultural y artística de moda. ¿Acaso no es esto blasfemia contra el Espíritu Santo?

No lo digo yo, lo dice el Hijo de Dios. Recordemos de nuevo uno de los pasajes evangélicos donde el propio Cristo define la blasfemia contra el Espíritu, el único pecado que no se le perdonará al ser humano ni en este siglo ni en el venidero. A saber, Mc 3, 22-30: "Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa. De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo".

Dejando a un lado la coña con la que el Nazareno trata a los fariseos, unos tipos muy serios, lo cierto es que lo que les está achacando es algo mucho más peligroso, incluso, que su habitual hipocresía. En resumen, los doctores de Israel, estaban llamando demonio a Dios, esto es, mal al bien, en lo que podríamos calificar como la suprema inversión de valores. Y ese pecado no se puede perdonar, no porque Dios no lo perdone todo, sino porque, al identificar la verdad con la falsedad, el hombre es incapaz de arrepentirse, empieza a adorar el mal, defender la mentira y, no lo olvidemos, a admirar lo feo.

Esto es el siglo XXI. Y pienso insistir en el mismo ejemplo de siempre: no es que se legalice el espantoso crimen del aborto, el asesinato del ser humano más inocente y más indefenso de todos, el del niño concebido y aún no nacido, sino que, encima, suprema inversión de valores, el aborto se convierte... ¡en un derecho! El derecho a matar de la forma más cobarde: Dios es Beelzebú, el mal es el bien, la mentira es la verdad, lo feo es lo bello. 

Por esto es por lo que pienso que vivimos en una etapa fin de ciclo, por eso los últimos papas repiten, en distintas formas, que no estamos en una era de cambios sino en un cambio de era. Pero también por eso, contamos hoy, en 2026, con un apoyo directo de la gracia de Dios y de la protección del hombre por parte de la Madre de Dios... ¡como no ha tenido a lo largo de toda la historia! 

Así que "alzad la cabeza porque se acerca vuestra liberación"... y mucha confianza en Dios en este final de ciclo, en este cambio de era.