
Las modas importadas dicen de una sociedad entera. No me refiero a los Black Friday, Halloween, Ciber Monday, Prime Day, el Mindfulness, los Brunchs (desayuno-almuerzo) o las despedidas de soltero sino a esa moda pasajera de locales especializados en arreglar y pintar uñas (Nail - shops). Suelen estar regentadas en buena parte por chinas o asiáticas que encandilan a las occidentales españolas por un acabado con feldespato. En otras generaciones se iba al podólogo y a la manicura. Y bastaba. Hoy en los tiempos de ridiculeces importadas nada autóctonas piden cita previa en un salón bajo refrigerado con AC para limar y pintar pies y manos. En el día a día seguro se agradece tener esas enormes uñas postizas con gel acrílico para manejar el telemando de la tele, pelar una cebolla o hasta pasar la mopa sin olvidar el empleo de papel elefante en la intimidad.
Colores y acabados snobs y muy beauty para parar un tren. En fila india de tren exprés van algunas mamás y papás a la fiesta de graduación de sus “meninos” con sus mejores trajes fluorescentes de gala. ¿Cuándo en España se ha visto una celebración por acabar la EGB, la ESO o hasta el Bachillerato a modo de ensayo de una boda gitana? El que no se consuela es porque no quiere. Con tanto fracaso escolar y a la cola en el informe PISA pero nos permitimos el lujo de festejar un homenaje a la secundaria puesta de largo para subir a Instagram. Eso que no falte. Las fotos Polaroid pasaron a mejor vida. Hoy se suben a las redes y se comparten con desconocidos. Si no enseñas, no existes. No importa la comprensión lectora, eso es culpa en todo caso de la extrema derecha.
Nos creemos por eso más trumpista que el Tío Trump. Por pensar que todo lo importado, sobre todo de USA es guay, fine & funny. Qué maltrato al menor, disculpen que lo diga, pero es un mal trago de escena y una horterada. Sólo nos falta tirar cohetes por sacar el carnet de conducir. Mi vecina ama de llaves Gertrudis, se llama como la de ZP, me decía que esa moda importada libre de aranceles sirve para amortizar el traje y vestido de la primera comunión comprado para la ocasión del heredero. No sé. A mí me parece que con tantos flagelos a Amazon y Aliexpress por las campañas de días súper-fantásticos y sin IVA algo se nos ha pegado. El hecho es consumir a lo loco. Como el gusto por pulir músculo en el gym.
Si no enseñas, no existes. No importa la comprensión lectora, eso es culpa en todo caso de la extrema derecha
Y si no que se lo digan a ZP y señora que, pese a tener joyas millonarias, la austeridad en el consumo (¿de carne?) y de socialismo caracteriza su estilo de vida. Las alhajas heredadas de antepasados mozárabes mejor bien guardadas en una caja de seguridad de acero blindado en el despacho que llevar encima cuando la parejita también de enamorados (por la pasta) van a un salón de uñas y de cejas. Las manos también se pintan las musulmanas y no solo para la ocasión del fin del Ramadán, otra moda importada en España que lujuriosamente nos imponen los políticos guays en detrimento de las tradiciones autóctonas. Pero para meditar, la moda de llevar pantalones de pijama estampados que pasean por la calle. Es el nuevo look de algunas jóvenes en la generación alfa con el móvil grabando un mensaje de voz sin trascendencia. Las prisas de salir de casa en pijama recuerdan a las batas guatiné de otros tiempos con la red en el pelo para ir a comprar el pan.
Pero nada comparable con los piercings y los tatuajes (tattoos). Ahora no se visten con moda pret-a-porter sino con una piel tatuada por todas las partes del cuerpo. Los hay visibles y los reservados para la intimidad, apto para los jueguecitos sexuales.
Ya tampoco es ”in”, pedir pizzas o sushi con auriculares sino que se impone la comida turca rápida llevada a casa en Glovo al son del reggaeton y ritmo-latino. Las letras de algunas de estas melodías basura (Junk music) son iconoclastas de la gramática, del léxico y hasta del empoderamiento e igualdad de género que tanto pregona los progresistas pero que a la hora de la verdad no se esconden de perrear e insultar el buen gusto.
Hay comunidades de vecinos que prohíben a los repartidores entrar con casco por cuestiones de seguridad. Pasear y bañarse en piscinas públicas con hiyabs parece una concesión al Free-Style. Antes en ciertas tertulias de TV los invitados del público eran gente normalita, hoy se camuflan personajes con carnet del partido para vendernos la biblia de Marx.
Y si no que se lo digan a ZP y señora que, pese a tener joyas millonarias, la austeridad en el consumo (¿de carne?) y de socialismo caracteriza su estilo de vida. Las alhajas heredadas de antepasados mozárabes mejor bien guardadas en una caja de seguridad de acero blindado en el despacho que llevar encima
Todo este masivo mestizaje de usos y costumbres de dudosa graduación es la nueva España en liquidación, seguramente no la que queremos pero que con escasa consciencia dejamos que sea. Antes, osea hasta ayer, ni p*to caso a los nietos emigrados, hoy día son decisivos y recurrentes para el censo electoral de pasado mañana. Pero alzar la voz es de fachas. Engullir sin masticar y rellenar con porcelana no, es el precio de dar papeles con fines espurios. Importamos todo, exportar ya si eso algo menos. Hasta el punto que hay barriadas donde se habla más árabe que español. Un adelanto morfológico propio del mestizaje inducido, muy alejado del EGB. De los luchacos hemos pasado a los machetes para agredir de un tajo con derecho a la reincidencia. Y de las cartillas de ahorro franquistas hemos transmutado a las offshore y cuentas en República Dominicana.
Modas extranjeras sí, las nacionales se arrinconan menos las imputaciones a los familiares de primer grado como si fuera poco la mochila que ya arrastran por inmoral. El penal, ya se verá. Como dice al punto otro loro -con fecha de caducidad superada- que imparte dogma de madre abadesa: “Lo peor es que gente rata vota al gato y mucha mosca vota al insecticida”.









