
La verdad es que, el hecho de que el yerno de Sabiniano Gómez, uno de los grandes proxenetas del Madrid de la Transición, es decir, Pedro Sánchez, se convierta ahora en el paladín contra la prostitución tiene su gracia: Pedro, el rey de la desfachatez es, capaz de todo eso y de mucho más.
Ya hemos dicho que se trata de un debate falso e interesado. La prostitución es una barbaridad, pero como no se consigue mucho penalizándola, y mucho menos penalizando al cliente y al proxeneta y alabando a la prostituta, lo que hay que hacer es denigrarla socialmente.
La desfachatez de Sánchez: el yerno de Sabiniano quiere ilegalizar la prostitución
El Sanchismo es capaz de, con nuestro dinero, lanzar una campaña contra la prostitución donde se dice que no hay "nada reseñable en agredir sexualmente a una mujer" (ver imagen). Totalmente de acuerdo, Ahora bien, eso no es prostitución, eso es violación. En la prostitución hay tres seres perversos, no dos: el proxeneta, el cliente... y la prostituta.
Y doña Ana Redondo, una de nuestras grandes intelectuales, da razones en esta campaña de propaganda: "Un tercio de los hombres en España reconoce haber pagado por sexo... un tercio de los hombres en España perpetúa la forma de esclavitud más antigua del mundo".
Y un porcentaje de mujeres, que no sé concretar, aquellas prostitutas que ejercen su función porque les da la gana, por dinero, también perpetúan esa forma de esclavitud. ¿O no?
La pretensión del Ministerio de Igualdad de doña Ana Redondo, del PSOE, de Sumar y de Podemos, de que toda coima lo es a la fuerza, y no por libre elección, forma parte de la tontuna feminista de que todo lo que el hombre hace es malo por ser hombre y de que todo lo que la mujer hace es bueno, por el hecho de ser mujer. Esto es lo que hace parecer al feminismo algo tirando a estúpido.
Más eficaz que ilegalizar la prostitución políticamente es denigrarla socialmente
En todo caso, si quieres prohibir la prostitución antes tendrás que darle una alternativa a las prostitutas. Porque el Sanchismo simplemente ilegalizaría la prostitución sin darle opción a las prostitutas para que abandonen su repugnante oficio... o bien castigaría a los varones que pagan por el sexo.
O simplemente, no hará nada porque en este caso, como en muchos otros, sabe que no tiene la aquiescencia, ni tan siquiera de sus coaligados de Sumar y que no podría aprobarlo en el Parlamento.
Ilegalizar la prostitución puede ser justo, aunque no debería hacerlo el yerno de un proxeneta financiador de su propia campaña interna en el PSOE. Ahora bien, no creo que sirva para nada. Más eficaz que ilegalizar la prostitución políticamente es denigrarla socialmente.









