El debate sobre la situación de Venezuela y la salida de Maduro se ha convertido en un complejo rompecabezas donde las posiciones políticas, las leyes internacionales y la voz del pueblo venezolano se han convertido en un trapo de donde cada uno tira del lado que le conviene. Y sobre todo esto, resulta llamativo que sean los sectores de la izquierda quienes esgriman el derecho internacional y la defensa de los derechos humanos para justificar a Maduro, aun cuando su régimen ni respetó la ley ni los derechos fundamentales… ¡En fin, cosas de la izquierda decadente!
En el caso del Gobierno español y de Pedro Sánchez, nos deja cierto silencio cómplice, puesto que, tras las elecciones venezolanas de julio de 2024, el Ejecutivo español dejó claro que España no reconoció al régimen de Nicolás Maduro, tampoco respaldó los resultados oficiales de ese proceso: adoptó una postura tangencial sin denunciar de forma explícita el carácter dictatorial del régimen ni la vulneración sistemática de los derechos fundamentales. Y es que la trayectoria vital del presidente español es una continua contra-existencia entre la hemeroteca y lo que hace en el presente.
Desde la perspectiva del derecho internacional, las acciones de Donald Trump para intervenir en la cuestión venezolana han generado revuelo entre comentaristas e intereses políticos, pues mientras algunos señalan que su intervención pretende recuperar los activos petrolíferos expropiados por el gobierno venezolano, otros se preguntan por qué esos mismos estándares de intervención no se aplican con igual rigor a otras dictaduras reconocidas como Nicaragua.
Todos hablan a favor o en contra de esta maniobra, pero la voz que debiera prevalecer sobre los demás es la opinión de los venezolanos. En general, hay un deseo profundo de cambio y de recuperación de su soberanía, que no se identifica con la permanencia del chavismo con Delcy Rodrígurez como presidenta, aunque se supone que bajo la atenta mirada de Estados Unidos. De hecho, la euforia continental es el posible efecto dominó con otros países de cuna bolivarianista. Y la incertidumbre sobre qué sucederá con México, señalado también por Trump por ser parte cómplice de facto en el recorrido de la droga, situando a su presidenta en una posición más que delicada.
Volviendo a España, será muy interesante ver cómo se desarrollan las llamadas "cloacas venezolanas", la posición de Zapatero, la connivencia del Gobierno, lo que añade una capa más de complejidad. Y cómo será, que España es también firmante, junto con Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y México, de las declaraciones sobre la soberanía internacional, aunque sin defender que la verdadera soberanía reside en el pueblo y no en el gobierno de turno, algo que Maduro claramente ha ignorado desde que llegara al poder. Reclaman los firmantes que se debería ir por vías pacíficas, mediante el diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo venezolano en todas sus expresiones, sin injerencias externas y en apego al derecho internacional. Más de 20 años de dictadura, asesinatos, robo de elecciones y tráfico de drogas, y ahora reclaman humanidad y legalidad, ¿qué hicieron estos países cuando Maduro vulneraba todo lo que ellos ahora reclaman? Y a todo esto, hay que añadir otro detalle más que pone a España al margen, y es que Sánchez es el único presidente de toda la UE contrario a la detención de Maduro.
Es el momento en el que la retórica de Sánchez vuelve con otra carta de amor, pero de otro tipo, escribiendo a la militancia socialista y donde su esfuerzo por blanquear al socialismo bajo el eufemismo de "progresismo" no pasa desapercibido. Los partidos políticos españoles de la izquierda y la ultraizquierda, están escandalizados, por la injerencia de Trump en Venezuela, especialmente la pareja Pablo Iglesias Turrón e Irene Montero, que tuvieron que hacer un alto en su temporada de esquí para hacer un vergonzoso comunicado. El PP ha mostrado escándalo particular por la postura ambigua del Gobierno y por el trasfondo de intereses económicos que subyace en la cuestión petrolera, del oro y las relaciones personales que se han ido desencadenando desde hace meses a raíz de las imputaciones y juicios celebrados.
Más de 20 años de dictadura, asesinatos, robo de elecciones y tráfico de drogas, y ahora reclaman humanidad y legalidad, ¿qué hicieron España, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y México cuando Maduro vulneraba todo lo que ellos ahora reclaman?
El escenario venezolano refleja una encrucijada geopolítica formidable, que como siempre muestra el hecho relevante -el apresamiento de Maduro-, la reacción ocal en cada país según esté afectado -Venezuela en primer lugar y España, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y México por intereses ideológicos-, y, por último, lo que no se ve -las potencias de Rusia, China, Irán y Cuba, con inversiones económicas y geoestratégicas-. Estas mismas posiciones geopolíticas, tienen sus consecuencias, como decía Ortega y Gaset, a cada solución le llegan nuevos problemas. Y si bien China se siente desplazada por la maniobra de Estados Unidos, también le da carta blanca para hacer lo propio con Taiwán, y del mismo modo Rusia se puede escudar para justificarse con Ucrania…
Nos queda un año 2026 precioso para descubrir día a día uno de los giros de la historia que más va a influir en la humanidad. Nunca hubo nada que moviera tantas fichas del tablero internacional y de consecuencias más inciertas.
Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos (Foca), de Augusto Zamora. Este ensayo que cuenta la 4ª edición y actualizada, analiza con detalle ideas, corrientes y actores que configuran el escenario sociopolítico contemporáneo. Con un tono ágil e irónico, sin renunciar al rigor intelectual, interpela tanto a quienes desconfían del discurso dominante como a quienes aún no han cuestionado las supuestas certezas del sistema. Esta edición, revisada y ampliada en la primavera de 2023, actualiza una obra ya clásica del análisis geopolítico sobre el tránsito hacia un orden multipolar, marcado por el retorno de Rusia, el desgaste de Estados Unidos, la parálisis europea y el ascenso imparable de China.
Geopolítica de América Latina y el Caribe (Síntesis), de Heriberto Cairo. El ensayo sostiene que, aunque durante mucho tiempo la región fue considerada periférica, Hispanoamérica y el Caribe han estado inmersos en la disputa global por el control del espacio. Tras la retirada europea, Estados Unidos mantuvo su hegemonía, hoy cuestionada por Rusia y China. Impulsados por gobiernos progresistas, varios países han avanzado hacia una autonomía inédita desde la colonización. La obra analiza la formación regional, las prácticas espaciales posteriores a las independencias, las miradas críticas y los desafíos actuales: identidades indígenas, medio ambiente y descolonización simbólica.
Geopolítica del intervencionismo estadounidense en el Gran Caribe (Akal), de Nayar López Castellanos y Pablo A. Mariñez. Aunque no es lo mismo, por afinidad temática el libro lo merece. El texto examina el papel histórico de Estados Unidos como potencia intervencionista en la región caribeña. A través de un análisis claro y bien articulado, los autores recorren procesos de colonización, golpes de Estado y explotación económica y cultural, apoyándose en el pensamiento de figuras clave del pensamiento hispanoamericano. El estudio ofrece una lectura crítica de la configuración actual del Gran Caribe y se proyecta, como señala Marcos Roitman en su prólogo, como una obra de referencia imprescindible en el análisis geopolítico de la injerencia estadounidense.












