El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, incluso de la no trabajadora, don Florentino Pérez Rodríguez cumplía 79 años. Durante los últimos tiempos, el omnipresente presidente de ACS y del Real Madrid, ha ido reduciendo su actividad, que no su poder. 

Pero lo que sí puede decirse es que Florentino lleva ya un tiempo preparando su sucesión, en la constructora ACS y en el Real Madrid. 

En la primera, la cosa va tomando forma: los tres hijos de Florentino sindicarán su 14% del capital y la gestión, lo importante lo llevará Juan Santamaría, que se ha consolidado como CEO de la compañía. Lo del Real Madrid es más complejo, porque el Real Madrid no es una sociedad anónima deportiva (SAD) sino un Club Deportivo, en el que se supone que el socio es propietario. Se supone, claro, porque en los cuatro clubes de fútbol que quedan en España (Real Madrid, Barça, Athletic de Bilbao y Osasuna) manda el presidente y el núcleo duro arracimado a su alrededor. 

En el caso del Real Madrid, además, Florentino Pérez se ha encargado de que para presentarse a las elecciones haya que depositar unos avales multimillonarios que solo podremos presentar, como diría Emilio Botín, los "pocos millonarios" que quedamos.

La idea primera era convertir al Real Madrid en una fundación, presidida, por un notable, por ejemplo, el madridista Rafa Nadal y con un primer ejecutivo, que no podría ser otro que el marroquí Anas Laghrari, el financiero de Anel Capital, el mismo que ha rentabilizado el nuevo estadio o el creador, hoy fallido, de la Superliga europea. 

Hijo de uno de los primeros socios de Florentino, puede decirse que Pérez Rodríguez ha adoptado por este hombre de origen marroquí. Sería la forma de que Florentino mantuviera influencia en el equipo de sus amores. 

Ahora bien, convertir al Real Madrid en una Fundación resulta complejo. Recuerden: si el socio es propietario, y alguna valoración habrá que darle al conjunto de activos del Real Madrid, podríamos encontrarnos con muchos socios convertidos en milenarios, sino millonarios, de la noche a la mañana, que afrontarían incluso un coste fiscal duro.

No, no es tan simple. 

En todo caso: lo que sí es cierto es que hasta Florentino se ha convencido de nadie es inmortal y que mejor es dejarlo todo ordenado porque, como dicen los italianos... "está bien fiarse pero es mejor no fiarse".