El 1 de enero de 1986 España entraba en lo que luego sería la Unión Europea, con Felipe González como presidente del Gobierno. Exigía mucho más que la entrada, quizás incluso más relevancia de España en la OTAN, que ejecutara Leopoldo Calvo-Sotelo, de UCD. Pero hoy celebramos lo primero. 

Pues bien, cuatro años antes, exactamente el 9 de noviembre de 1982, en Santiago de Compostela, ciudad europea por antonomasia, el entonces papa Juan Pablo II (hoy santo) hablaba de Europa, en uno de sus discursos más reconocidos pero me temo que algo menos conocido. Entresaco el párrafo que ha dado la vuela al mundo y que demuestra que ya antes de la entrada de España en la UE, Europa había perdido el 'dominus tecum'... y así nos va 40 años después. Ojo al dato:

"Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: 'Puedo'".  

Europa no tiene que independizarse de nada como asegura Ursula con der Leyen, porque Europa ya es independiente. Lo que ocurre es que ninguna persona, ningún país, crece si no es fiel a su origen, como ningún árbol sobrevive si no es a partir de sus raíces. Europa se ha descristianizado y, por tanto, o recupera los principios cristianos o está llamada a diluirse... y lo mismo le ocurre a España.